martes, 20 de octubre de 2020

Imitatio heroica. Cimón de Atenas y el Teseion


La expedición a Esciro y la resignificación heroica

En el bios de Cimón, Plutarco se recoge como acontecimiento primordial el traslado de los restos del héroe Teseo desde Esciro a Atenas (probablemente hacia 476/5 a.C.), donde fueron recibidos en triunfo y sepultados con los mayores honores.

 La conquista de la isla, habitada por los dólopes, agentes de Jerjes que practicaban la piratería, debió acontecer poco después de la campaña de Eion y se explica por razones de protección y control de las rutas de la ciudad hacia el norte del Egeo, hacia Tracia y el Helesponto. La anexión de Esciro, que pasó a ser posesión de Atenas (Cimón vendió como esclavos a los dólopes e instaló clerucos en la isla) tuvo por cobertura ideológica el cumplimiento de un oráculo délfico: el éxito de la expedición exigía a los atenienses el retorno a la ciudad de los restos de Teseo para ser honrados convenientemente, lo que confería a la campaña el revestimiento de una misión sagrada. 

La recuperación de los vestigios tangibles de los héroes representa en la tradición griega un fenómeno común, a menudo apoyado por  la revelación de un oráculo (Kears 1989, Fragkaki 2015). Pausanias pone en paralelo el retorno a sus respectivas ciudades de origen de las reliquias de Teseo y Orestes, estas últimas trasladadas con anterioridad de Tegea a Esparta siguiendo una prescripción délfica (Paus.3.3.7). El "mito del cuerpo" (Coppola 2008), el rescate de los restos de Teseo y la venganza de su muerte (Paus.1.17.6) sin duda legitimaron con creces ante la ciudadanía ateniense la expedición del hijo de Milcíades a Esciro.
  
Según la leyenda, bien conocida por el propio Plutarco (Thes. 35.5-7; 36.1-2), el antiguo monarca del Ática había muerto en la isla despeñado por el rey Licomedes, celoso o temeroso de su renombre, y allí fue sepultado. Con la inventio (en una doble acepción de hallar e inventar) y la translatio de las reliquias del rey mítico se estrechan los lazos entre Cimón, en tanto que mandatario civilizador y pacificador del Egeo, y Teseo, héroe  a un tiempo naval y "maratoniano" que habría de convertirse en el arquetipo mítico del Filaida, perfilándose de este modo la imagen de Cimón como nuevo Teseo (Podlecki 1971). La figura del monarca legendario, protagonista de la expedición ateniense a Creta, primera campaña naval de Atenas (en un plano imaginario Teseo funda y justifica la hegemonía talasocrática de la ciudad), adquiere el carácter de héroe de la la Liga atico délica (Tausend 1989) y se convierte en icono del poder de la ciudad en el Egeo (Shapiro 1992). Precisamente hacia estas fechas en Atenas se reorganizan los Theseia y el poeta Baquílides compone los Ditirambos consagrados a Teseo (tal vez para conmemorar el retorno de sus restos a Atenas) que dentro de una estrategia alusiva, mostraban referencias sutiles a Cimón y a su génos (Barron 1980, Francis 1990).

Como se consigna en tantos otros pasajes de las vidas griegas de Plutarco, la reacción del demo ante las acciones de sus líderes, sea positiva o reprobatoria, aparece consignada en el texto biográfico. En esta ocasión señala el Queronense que la transferecia a la polis de los huesos del héroe, cuyo descubrimiento en una antigua tumba de Esciro atribuye al propio Cimón con ayuda de una señal divina, "agradó al pueblo más que ninguna otra de sus actuaciones" (Cim.8.6-7). El traslado de aquellas prestigiosas reliquias, tal vez a bordo del trirreme del mandatario, representa un gesto propagandístico de signo político y legitimador de su estrategia naval enlazado  - como una segunda venida - al regreso de Teseo a Atenas tras la campaña cretense.

Una tumba para Teseo

Sin embargo, pese a las indudables analogías entre ambos personajes, en el bíos no se establece un parangón explícito entre Teseo y Cimón. Tampoco hace Plutarco mención directa en la biografía del nuevo Teseion ateniense, recinto que se destinó al culto heroico del legendario monarca del Ática, erigido en símbolo político e ideológico de la Atenas democrática (Calame 1990). En cambio en la Vida de Teseo, que en un plano informativo resulta complementaria de la de Cimón, el célebre sekós aparece citado y localizado en la topografía monumental de la ciudad: los restos del héroe fueron sepultados en el centro del ásty, cerca del gimnasio (Thes. 34.4), con toda seguridad el bien posterior gimnasio helenístico de Ptolomeo (el Ptolemaion), erigido como gesto evergético por un monarca egipcio, seguramente Ptolomeo VI Philométor. La ubicación precisa de este complejo monumental es aún incierta, pero Pausanias lo sitúa fuera del Ágora del Cerámico (la conocida como Ágora Clásica), si bien en sus proximidades (Paus.1.17.2), seguramente al este del Ágora Romana, casi contiguo a la Torre de los Vientos (Korres 2009).
 
                                      En el recorrido del Periegeta desde la plaza pública del Cerámico (solo excepcionalmente la denomina ágora) hasta el Olimpeo, que sigue el entrono norte de la Acrópolis en dirección este para luego dirigirse al sur y sudeste, el Teseion se emplaza cerca del Ptolemaion y seguramente muy próximo a la debatida zona urbana conocida como "Ágora Vieja" ubicada al este de la colina de la Acrópolis y más ceñida a la ladera que la plaza del Cerámico (Dontas 1983, Robertson 1989). De origen remoto, este espacio público ancestral al este de la roca sagrada representaría el centro del sector urbano que probablemente desde época muy antigua se designaba como "la ciudad de Teseo", el Θησεῖον (Marchetti 2017), zona donde la topografía mítica del héroe se proyecta de forma intensa. Muchos siglos después, la célebre inscripción sobre la fachada NW del Arco de Hadriano, orientada hacia la Acrópolis y el actual barrio de Plaka, señalaría su límite (αἵδ’ εἴσ’ Ἀθῆναι Θησέως ἡ πρὶν πόλις)

El Arco de Hadriano, en el acceso al Olimpeo,
representa un monumento orientado y señalizador que separaba dos espacios urbanos, el del pasado y el del presente de la construcción. Desde el pasaje se aprecia lo que fue "la ciudad de Teseo", a los pies de la vertiente oriental de la Acrópolis. Fotos F. Marín


Por su situación y antigüedad, la hoy por hoy conjetural plaza tal vez pudiera identificarse con el "ágora Cecrópica" que menciona el poeta Melancio a propósito de la magnanimidad del pintor Polignoto en un díptico recogidos por Plutarco: " y a sus expensas adornó los templos de  los dioses y el Ágora Cecrópica con la virtud de los semidioses" (Cim.4.7). El elogio de Melancio,  próximo a Cimón, sugiere la existencia de una antigua ágora de impronta heroica y posee todo el valor de un indicio, como también algún pasaje de Tucídides (Th. 2.15), de la Athenaion Politeia (Arist. Ath. 3.5, 15.4) junto con otros testimonios literarios: ya en época helenística, Apolodoro de Atenas asegura la existencia de una archaia ago en un fragmento de problemática interpretación ( Apollod., apud Harp., FGrH 244, F 113),  pero que bien pudiera referirse al Ágora del Cerámico (A. Doronzio 2011). A ello se suma la información que proporcionan los testimonios epigráficos hallados en el sector oriental de la ciudad antigua o procedentes del mismo, alguno de relevancia primordial.

En esta zona de origen presoloniano se emplazaba el antiguo Pritaneo, sede del arconte y  monumento central en la vida institucional de la ciudad, cuyo origen legendario remite precisamente al sinecismo de Teseo. El lugar del Pritaneo (no necesariamente conexo con un ágora entendida como espacio diferenciado y homogéneo), tal vez se reconozca en los restos visibles de un monumento augusteo situado en la Plaza de Agia Aikaterini - muy cercana al monumento corégico de Lisícrates en el barrio de Plaka -  del que se conserva parte de la columnata jónica de un peristilo. De modo que el Pritaneo pudiera haber tenido continuidad de uso en época romana, adecuado a a nuevas estructuras y adaptado a nuevas funciones (G.C.R. Schmalz 2006, Marchetti 2017). Pero existen datos arqueológicos que apuntan en favor de que los restos conservados corresponden a una construcción civil de carácter termal (R. Di Cesare 2009, A. Doronzio 2012)).


Propuesta de emplazamiento del Teseion, el Anakeion y el Pritaneo, al NE y E de la Acrópolis (G.C.R Schmalz 2006)
 
Seguramente cercanos (Pausanias los menciona de forma consecutiva, si bien en capítulos diferentes y sin explicitar una relación de contigüidad) y en estrecha proximidad topográfica al sector presidido por el Pritaneo, figuraban dos importantes heroa directamente implicados en la ideología cimónica y de particular relevancia artística, como al menos se desprende de su decoración pictórica, ejecutada por megalógrafos del mayor prestigio. Además del renombrado Teseion, en esta zona se ubicaba el aristocrático Anakeion, recinto sagrado consagrado a los Dioscuros que Pausanias sitúa a los pies del Aglaureo, santuario dedicado Aglauro, la hija de Cécrops, témenos y quizá heroon asociado a una gran gruta situada en base de la escarpada vertiente oriental de la Acrópolis.


 Gruta de Aglauro en un sector muy escarpado de la Acrópolis. Tal vez el santuario asociado (Aglureo) se dispuso en un espacio aterrazado. Todo la zona a los pies del lado oriental de la roca sagrada presenta un relieve irregular y en pendiente.

A diferencia del Teseion, el Anakeion no tuvo connotaciones funerarias, pero en origen ambos lugares fueron recintos al aire libre y espacios de congregación, tal vez aterrazados, destinados al reclutamiento de la caballería y la infantería, sin olvidar la función de refugio y asilo (Christensen 1984, Valdés 2002), así como el uso iniciático relacionado con el ritual de juramento de la ephebeia, muy arraigado en todo este sector oriental de la ciudad a los pies de la acrópolis y con epicentro en el Aglaureo, donde los efebos prometían su servicio al estado y recibían las armas (Merkelbach 1972).

Ninguno de los dos heroa fue fundado por Cimón: obviamente la veneración a Teseo se remonta a tiempos muy anteriores al traslado de sus reliquias y la polis contaba con varios lugares sagrados asociados al monarca legendario. Como remoto debió ser también el culto a los Tindáridas, héroes de particular relevancia fundacional, protectores de la aristocracia ecuestre y enlazados a través de su hermana Helena a la leyenda de Teseo. Pero los dos ámbitos destinados al culto heroico debieron experimentar una notable transformación monumental bajo el mandato del Filaida y el Teseion, en origen cenotafio, pasó a convertirse en tumba, en el sekós de Teseo, cuyo culto triunfal se vincula al propio triunfo del mandatario. E
n tiempos cimónicos, ambos santuarios adoptarían una cierta complejidad arquitectónica, el Anakeion debido seguramente a las inclinación prolacedemonia del estratego ateniense. Dada su función tradicional de espacios congregacionales hípetros, no se limitarían solamente a un ναός cubierto y aislado; debieron mntenerse como recintos de cierta amplitud y al menos el Anakeion contó con estatuaria sagrada y se hallaba acotado por medio de horoi. La data de la reforma cimónica de ambos santuarios heroicos permanece en la penumbra, aunque es probable que se realizara como la mayor parte del programa monumental tras la gran victoria de Eurimedonte (de fecha controvertida, seguramente entre 467 y 465 a.C.). El botín de guerra arrebatado a los persas supuso la afluencia a la ciudad de cuantiosos recursos que en parte se destinaron a una política edilicia caracterizada por el balance entre el protagonismo del démos, que en última instancia decide sobre lo público y común desde la ekklesía y la boulé, y la evergesía de prestigio aristocrático comprendida en términos de reciprocidad con la polis (D. Bodanno 2009) 


Ángulo  SE de la Acrópolis. La base de la vertiente oriental, en pendiente muy abrupta, aparece dominada por la gruta de Aglauro. Muy próximo y a los pies del santuario consagrado a la hija de Cécrops, paradigma de lealtad patriótica, se hallaría el Anakeion y no lejos, el Teseion. Puede apreciarse el Arco de Hadriano, liminar de la Atenas de Teseo. Foto R. Hannah

Quizá la arraigada presencia del héroe en este sector urbano pudo excluir la depositio de los restos de Teseo al Agora Griega o Ágora del Cerámico, ubicada al NW de la Acrópolis, un espacio cívico religioso particularmente impulsado por el Filaida donde, junto con otros monumentos que incluso sugieren a un proceso de duplicación con respecto al "ágora antigua", se construyó un nuevo prytanikon, presidido por la estructura radial de la novedosa thólos, denominada Skià por su semejanza con un parasol (skiadion).

Hoy por hoy por, la posible reubicación del culto al héroe nacional en Ágora del Cerámico o en sus cercanías inmediatas al NW de la Acrópolis, al otro extremo de la ciudad antigua, tampoco puede desestimarse de forma categórica. Pero la identificación del monumento funerario con el Hefesteo del Colonos Agoraios, basada en el ornato figurativo donde Teseo (junto con Heracles) adquiere gran protagonismo (J. M. Barringer 2009), ha sido excluida desde hace tiempo y por completo. El templo suele considerare emprendido h. 450-449 a, C.,  - una data que coincide con la fecha de la muerte de Cimón durante la campaña de Chipre-  pero existen indicios arqueológicos consistentes sobre un comienzo incluso anterior al ostracismo del estratego (461 a. C.) (R. Di Cesare 2015). En el edificio de nueva planta la doble titularidad  -Hefesto y Atenea - se asocia estrechamente con el mundo de los oficios. Interrumpida la construcción bajo el gobierno de Pericles, el Hefesteo no habría de concluirse hasta el tiempo de la Paz de Nicias.

Ágora del Cerámico. Restos de la thólos y, presidiendo la colina occidental, el Hefesteo
         
 Si bien no faltan otras propuestas de reconocimiento hipotético o bien conjetural (Lamprinoudaki 1983, Schmalz 2006, Marchetti 2017), los restos del recinto consagrado a Teseo - témenos en Tucídides, (Tuc. 6.61) -, no han sido aún identificados. Con ello, y a falta de evidencias materiales, el problema de la ubicación topográfica del lugar y sus implicaciones urbanísticas se mantiene abierto.

Las megalografías del Teseion

Como señala F. Prost en un importante trabajo sobre la megalografía de la Atenas preclásica en tanto que cauce de conocimiento para la historia, Cimón mantuvo una relación estrecha con los grandes artistas parietales de su tiempo - Polignoto de Tasos y Micón de Atenas en particular-  y su voluntad política confiere un elevado grado de coherencia a los programas pictóricos destinados a decorar las construcciones públicas de la ciudad (la Estoa Poikile, el Anakeion, el Teseion). Probablemente las pinturas monumentales no se ejecutaran directamente sobre el muro: debieron ser cuadros sobre tabla que utilizaban como soporte sanides, paneles de madera fijados a las paredes mediante tachuelas.

Es bien conocida la écfrasis que Pausanias dedica a las composiciones murales que decoraban el ἡρῷον de Teseo, inspiradas en la compleja saga del monarca (Paus. 1.17.2-3) y plenas de paralelismos referentes al estratego, victorioso sobre los persas y sus aliados. Como en tantas otras ocasiones, el Periegeta consigna la temática de los episodios representados sin apenas anotación alguna sobre la composición y los rasgos de estilo de lo que contempla.  

              El despliegue figurativo de lo que debió ser el primer gran ciclo pictórico oficial de época cimónica (B. di Cesare 2011), examinado en los años setenta del pasado siglo por J. P. Barron en un memorable artículo, no podría resultar más elocuente en términos alusivos a Cimón. En la primera megalografía que recoge Pausanias en el ἱερόν, el héroe repelía en el Ática la invasión amazónica, con toda probabilidad amazonas ecuestres (Ar. Lys.678-679) que en su insaciable afán de dominio encarnaban la hybris femenina y se asimilaban al Persa. Esta Amazonomaquia local, poseía su pendant en uno de los cuadros de la Estoa Poikile, ejecutados en otro contexto celebrativo de los triunfos de la Atenas cimónica  (Castriota 1992)  y considerado obra de Micón. Sin duda en ambos casos se representaba el episodio del ataque de las amazonas a la Acrópolis y su rechazo por los atenienses, liderados por Teseo. A propósito del tema representado, Pausanias recuerda sucintamente su presencia en el escudo de Atenea Parthénos, así como sobre el escabel del Zeus Olímpico.

En otra pintura, el príncipe luchaba contra los salvajes e incontinentes centauros en las bodas de su amigo Piritoo; Teseo se mostraba tras haber dado muerte a un centauro cuando, como en el frontón occidental del templo de Zeus en Olympia, el resultado del combate era aún indeciso. La conocida confrontación, de amplio espectro simbólico, podría actualizar también en clave mítica el hostigamiento de los piratas dólopes a los mercaderes tesalios, el activo papel de la región en la conquista de Sciro y en términos generales la política protesalia de Cimón (Plut. Cim. 8.3). 

En su juventud Teseo, héroe de doble paternidad,  liberó Atenas de su sometimiento a Creta  y en un tercer mural, el que más interesa a Pausanias, que lo atribuye a Micón (tal vez autor de todo el ciclo), se mostraba desleído el episodio del príncipe recuperando el  anillo que Minos con arrogancia había lanzado al mar, retando a Teseo a recuperarlo de los dominios paternos. Es posible que la escena fuera en parte submarina y que en ella se mostrara como protectora Anfitrite, esposa de Posidón, reportando a príncipe una corona de oro en señal de triunfo, episodio que aparece en algunas cerámicas áticas de la primera mitad del siglo V a.C. Sin embargo dentro del ciclo de Teseo no se trata de una escena frecuente en los vasos historiados. Con referencia a la actualidad, debió representar una inequívoca alegoría legitimadora de la hegemonía ateniense sobre el mar (B. di Cesare 2011). 

Más interpretativo que descriptivo, considerando oscura e incompleta la acción representada, el Periegeta confronta el tercer cuadro con sus indagaciones y en su afán de aportar una información complementaria ante temas menos conocidos o polémicos, añade un amplio lógos sobre el episodio mítico, seguido de otras consideraciones sobre el futuro y la muerte del héroe.   
          
La mencionada digresión de Pausanias, que va más allá del episodio representado, tal vez se conpulse con otra composición del ciclo pictórico que le provoca escepticismo: es posible que en el Teseion figurara una cuarta pintura mural, con la cautividad de Teseo en el Hades, donde se vio retenido junto con Piritoo por su intención de arrebatar a Perséfone y de donde sería liberado por Heracles. Pausanias viene a dar una versión más histórica  y plausible de la leyenda, como antes lo había hecho Plutarco. La posibilidad de esta cuarta representación, concerniente a un forzado descensus ad inferos del héroe, ha dado lugar a un largo debate ya iniciado a mediados del siglo XIX (Brunn 1857-1859) donde se ve implicada la agrupación de dioses y héroes representada en la célebre crátera de Orvieto, pieza magistral del Pintor de los Nióbides (Museo del Louvre, París). Una obra considerada de inspiración polignótica y quizás relacionada con la Nekyia que el megalógrafo tasio ejecutó en la Leschè de los Cnidios de Delfos tras el gran triunfo de Atenas y sus aliados sobre los persas en la desembocadura del río Eurimedonte en Panfilia. No obstante, la proyección de los murales de Polignoto en Delfos se revela muy limitada en  la pintura y la cerámica ática de aquel tiempo, con la excepción de la Iloupérsis que el maestro tasio ejecutó para la Poikile, una probable acotación del gran mural de la Leschè de los Cnidios, repensada en clave local. Como sugiere M. Stanbury-O'Donnel, esta situación pudiera apuntar a que los ceramógrafos se mostraron  mucho más proclives adecuar a sus procedimientos la decoración de los monumentos públicos de Atenas que la de aquellos ajenos a la ciudad, incluso a pesar de su renombre. 

 
A diferencia de los murales de la estoa variopinta donde se utilizó como soporte la madera, el Teseion fue decorado con un ciclo pictórico exclusivamente mitológico y consagrado por entero al héroe, que en todos los episodios debió ocupar una posición prominente. Es muy probable que los personajes representados en el monumento, como en el resto de los programas murales, fueran acompañados de inscripciones onomásticas, algunas quizá alusivas al presente o bien al pasado reciente (Castriota 1992). En contraste con a la Poikile, no existe indicio alguno de retratos, ni explícitos ni soterrados. 
Since vase
painters
do
seem to
have been
influenced
by
monumental
painting
and
sculpture
during
the
fifth
century,
this
situation
would
suggest
that
Athenian
potters
and
painters
were most
affected
by
the
highly
public
mon-
uments
of
Athens
itself,
and not so
so much
by
art
outside
of
the
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Durante el mandato de Cimón, Teseo y sus hazañas se convierten en tema privilegiado de la cerámica ática de figuras rojas, quedando en cambio el ciclo de Heracles un tanto relegado. Si los célebres murales de Polignoto en Delfos no parecen haber ejercido gran atracción por parte de la clientela de los vasos historiados, en cambio múltiples vasijas áticas reproducen las proezas del héroe (obviamente, no solo las representadas en el Teseion) y en algunas es bien probable la adopción selectiva de los temas, composiciones y estilos de los murales que decoraban el sekós de Teseo, si bien en versiones libres que no excluyen variantes iconográficas (en particular, las Amazonomaquias) pero sugieren analogías. De otra parte, la pintura vascular obedece a otros códigos de convenciones condicionados por el formato, la adaptación a una superficie convexa de las vasijas y la propia restricción cromática de la técnica de figuras rojas. Sobre estas posibles transferencias de los murales del Teseion a un soporte bien distinto y mediante unos procedimientos más artesanales, a título de ejemplo cabe recordar la conocida crátera de volutas del Metropolitan Museum od Art  (Nueva York) atribuida al Pintor de los Sátiros Lanudos: en el cuello de la vasija, a pequeña escala, en estilo casi miniaturístico, se reproduce el combate entre lapitas y centauros, ocupando Teseo el centro de la composición, portando un hacha como en el frontón de Olympia. El combate también se muestra aún indeciso, pero no aparece ningún centauro muerto, tema de otra parte insólito aunque no excepcional en la pintura vascular (K. Kopanias 2006). En la panza, y en un estilo monumental que evoca la megalografía, una Amazonomaquia donde las intrépidas jinetes atacan con lanza a combatientes griegos. La pintura oficial de Atenas tuvo una proyección mediatizada en la cerámica historiada de aquel tiempo, destinada a un consumo privado y aristocrático pero copartícipe de la nueva y selectiva puesta en valor del relato heroico.

Crátera ática de volutas atribuida al Pintor de los Sátiros Lanudos (h.460-450 a.C.). Metropolitan Museum of Art, Nueva York



Crátera ática de volutas procedente de Gela (Sicilia). Pintor de los Nióbides (h. 470-460 a.C.) Museo Arqueológico Regional, Agrigento.
De nuevo, la crátera monumental asocia  las dos escenas, Amazonomaquia y Centauromaquia, que gozan de gran aceptación en la pintura vascular ática del segundo cuarto del siglo V a.C., en particular el combate entre atenienses y amazonas. En la vasija, los acontecimientos se superponen con distintos formatos y diferentes versiones de los episodios representados, Las memorias míticas plurales que recogen las imágenes sugieren similitudes con las pinturas del Teseion, pero muestran también variación y diversidad (baste con comparar las Centauromaquias de las cráteras de Agrigento y Nueva York: lucha en el festín nupcial versus combate de ambientación agreste) e incluso cierta ambigüedad visual: ¿a qué Amazonomaquia remiten ambas cráteras? El Pintor de los Nióbides realizó numerosas versiones de la confrontación heroica entre griegos y amazonas, no siempre protagonizadas por Teseo.

Prefiguración, analogía e instrumentalización
 
De otra parte, el gobierno ejemplar de Teseo en la ciudad se había caracterizado por la moderación y el espíritu democrático. Las hazañas heroicas y las virtudes cívicas se unían en la imagen del monarca, cuya presencia en la pintura vascular ateniense del periodo protoclásico resulta bien destacada en detrimento de la anterior prevalencia de Heracles; a ello no debió ser ajena la instrumentalización y resignificación del personaje mítico por parte de Cimón y su círculo, interesados en crear todo un mundo de analogías entre el héroe y el estratego.

      Aparte de las connotaciones heroicas, triunfales y conmemorativas, la tumba de Teseo también suscita otras asociaciones con Cimón. Conforme a la tradición literaria, como se ha indicado, probablemente ya desde sus orígenes el Teseion desempeñó también funciones de refugio, de ásylon para esclavos y oprimidos (en sus proximidades se erigía el altar de Eleos, la Piedad); esta faceta del santuario aparece recogida por Plutarco en la Vida de Teseo, donde señala cómo el héroe se había erigido en protector y defensor de los débiles. La correspondencia con la filantropía casi principesca que en la biografía de Cimón muestra el mandatario hacia los necesitados se hace evidente. La imitatio heroica, amén de un proceso de prefiguración, conlleva la puesta en valor de una selección de variadas cualidades (R.von den Hoff  et alt. 2018,) actualizadas e instrumentalizadas en el contexto social y político del presente.

    Plutarco indica la centralidad del monumento en la topografía urbana, algo habitual en la ciudad griega, que tantas veces se generó a partir de un santuario que albergaba un herôon con carácter de tumba, relicario o bien cenotafio consagrado a un héroe local, a menudo venerado como fundador. En la ideología funeraria de la polis la inhumación intramuros -incluso en el mismo centro ciudadano- representa un privilegio reservado a los héroes y monarcas heroizados. Dentro de la Acrópolis ateniense, en el Cecropion, a los pies de la Tribuna de las Cariátides del Erecteo, es bien conocida la presencia de cultos ctónicos y funerarios consagrados a otros reyes legendarios del Ática.     
                                                                                                                                                                                                               Objeto de actualidad y resignificación y dado su potencial propagandístico en la reescritura del pasado, los restos de Teseo no fueron sepultados junto a los de sus ancestros en la por entonces maltrecha y residual Acrópolis, destruida y profanada por los persas tras la invasión del Ática (480-479 a.C.) y cuyas ruinas  parcialmente restauradas y reutilizadas  (F. Marín 2008), fueron tematizadas en tiempos cimónicos, convertidas en memorial de Tà Mediká, -  con ello, en evidente testimonio de la violencia e impiedad del bárbaro -, adquiriendo plenos valores de 

μνῆμα.


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domingo, 6 de septiembre de 2020

Discurso, artes visuales y propaganda monumental en Isócrates

 El logocentrismo isocrático frente a las artes visuales

Como en el resto de los grandes representantes de la retorica ática del siglo IV a.C., no abundan en Isócrates (436-338 a.C.) las reflexiones sobre el discurso artístico, máxime si este último se entiende como discurso específico y pormenorizado. Actualizadas en contextos retóricos de naturaleza bien diversa, las citas de artífices y obras de arte resultan casi excepcionales en el filósofo de la  argumentación y el discurso que fue el gran maestro ateniense. Esta parquedad de referencias remite a la propia valoración de las imágenes artísticas (eikónes) en el ideario del gran clásico de la retórica, quien de forma explícita confiere una llamativa preeminencia a las construcciones verbales sobre las figurativas. Al respecto, en el panegírico Evágoras, Isócrates afirma todo un principio de superioridad de la palabra sobre la imagen y argumenta en favor del retrato verbal frente al escultórico (Isoc. 9.74-76). Fundamenta la aseveración en el carácter epidérmico de la estatua  humana (εἰκῶν) que, procurando reproducir la belleza del cuerpo, no puede compararse a la trascendencia de la palabra, que crea el retrato moral. Tampoco a la capacidad mimética y propagadora del discurso, que expande por todas partes el kléos, la gloria de aquel a quien se rinde homenaje.

No obstante, el texto isocrático recurre en algunas ocasiones al ámbito de las artes visuales. En relación analógica, menciona a Fidias, a Zeusis y a Parrasio, excelentes en sus respectivas téchnai, con el fin de resaltar con orgullo frente a sus oponentes su superioridad profesional como artífice de discursos escritos de elevado nivel intelectual (Ant. 2), tan distanciada de los sofistas dominantes en su tiempo, irresponsables y oportunistas, que menospreciaban su estilo y confundían sus propósitos. 

"Sé que algunos sofistas hablan mal de mi profesión y dicen que me dedico a escribir discursos judiciales, y hacen igual que si alguien se atreviese a llamar imaginero a Fidias, el autor de la estatua de Atenea, o dijera que Zeuxis y Parrasio tienen el mismo arte que quienes pintan exvotos".

Tampoco falta la cita aislada de algunas piezas escultóricas, contempladas con fin encomiástico, como las estatuas honoríficas erigidas en  el ágora de Atenas en honor de los considerados protagonistas de la victoria de Cnido sobre los lacedemonios (394 a.C.), esta última interpretada por la mayoría de los retóricos e historiadores áticos bajo una óptica atenocéntrica a modo revancha de la derrota de 404 a.C. (S. Gotteland 2012). El papel determinante jugado por Persia se mitiga, enfatizándose en cambio el protagonismo de Conón en la batalla, que a decir de Isócrates y Demóstenes combatió por la justicia contra un poder tiránico. Mas también hubo voces disidentes, como la de Lisias, para quien Cnido consagraba el auge militar de los Persas (Lys. Oración Fúnebre. 59), e incluso del propio Isócrates en el Panegírico, redactado tras la Paz de Antálcidas o Paz del Rey (387 a. C.), donde aconseja a los griegos terminar con sus disensiones, concentrar sus fuerzas y atacar a los bárbaros (H. M. Botema 2016).

Se trata del retrato del navarca y estratego ateniense Conón , que "dirigió a Atenas nuevamente hacia el dominio del mar" (FGrH 64 T 2), y el de Evágoras I, rey de Salamina de Chipre, monarca vasallo de los persas y aliado de Atenas (Isoc.9.57), que le otorgó la ciudadanía honorífica. Dos personajes cercanos y dos vidas puestas en paralelo en el Evágoras de Isócrates. 

El emplazamiento de los monumentos honoríficos de Conón y  Evágoras decretados por la polis en 394/3 a.C., aparecen señalados por vez primera en Isócrates, en estrecha proximidad al retrato de Evágoras (Evag. 57). Ubicadas en la plaza pública frente al pórtico de Zeus Eleuterio (Liberador), junto a la estatua del dios y en alusiva relación de contigüidad, ambas estatuas de bronce poseen una especial relevancia en la historia del retrato griego. Recogidas en Pausanias (Paus. 1.3.2) junto a la de Timoteo, estratego hijo de Conon, que pudo incorporarse con posterioridad,  fueron los primeros retratos oficiales decretados en el ágora ateniense desde los tiempos del Grupo de los Tiranicidas, ubicados en estricto aislamiento en otra zona del ágora, sobre un pedestal  escalonado, con gran probabilidad  el hallado junto al muy posterior Odeón de Agripa (E. P. Baltes 2020). Las estatuas de los gobernantes, testimonio de reconocimiento público, sugieren conexiones alusivas con el celebrado grupo, icono de la democracia ateniense y símbolo de lucha contra la tiranía, que tal vez incluso sirvió como fuente de inspiración: Harmodio y Aristogitón representan los modelos por excelencia a seguir por todos los benefactores de la ciudad y en transcurso del siglo IV el grupo escultórico dual participó directamente de la cultura de los honores cívicos (V. Azoulay 2014). La dedicación de los retratos en el ágora representó una extraordinaria distinción que por demás Conón y Evágoras, en señal de gratitud ciudadana, recibieron en vida, muy poco después de la vitoria naval de Cnido.

Al almirante Conon se le dedicó un segundo retrato en la Acrópolis, junto al de su hijo Timoteo (Paus. 1.24.3); cabe la posibilidad que la copia romana en mármol de una cabeza de estratego portando el yelmo corintio (Gliptoteca Carslberg, Copenhague) remita a una de ambas esculturas, si bien, en tanto que liberadores de la opresión espartana, estatuas honoríficas de los dos estrategos no solo fueron erigidas en Atenas, puesto que el triunfo de Cnido contribuyó a liberar varias ciudades del Egeo (sobre todo minorasiáticas) del dominio espartano. En un decreto de Eritras, entre muchos otros testimonios de reconocimiento, se promulga  la ejecución de una estatua probablemente en bronce sobredorado con la efigie de Conón  y que se erigiera donde le placiera al mandatario (Brun 2005, J. Ma 2006). Los santuarios del mayor renombre de Jonia (Samos, Éfeso) contaron también con retratos celebrativos de ambos personajes (Paus.3.6.16), donde reemplazaron a las estatuas de Lisandro y sus generales. No se conserva ninguno de todos estos originales y en realidad nada se puede concluir sobre la apariencia, el atuendo y la postura que adoptaban los personajes.  

En la pieza de Copenhague, la cabeza aparece ligeramente ladeada hacia la derecha, los ojos, asimétricos. La expresión resulta más vivaz que en el célebre retrato de Pericles y  tanto el tratamiento libre de los cabellos largos (novedad en la efigie de un estratego), como de la barba, pudiera remitir a un prototipo de comienzos del siglo IV a.C. (C. Rolley 1999). El arranque del hombro derecho y del torso no muestran seña alguna de ropaje, como en el busto hermaico del Louvre. No se puede descartar pues la desnudez heroica en el original que adoptan otras versiones romanas de retratos de estrategos, como la Cabeza Pastoret del Museo del Louvre.


Copia romana de una escultura de estratego, posible retrato de Conón, conocida como "Cabeza Pastoret", de la que existen varias versiones. Gliptoteca Carslberg, Copenhague.























          
 Cabeza Pastoret. Vesión hermaica del Museo del Louvre, París








La virtud individual como actor político

        Redactado hacia 354-353 a.C. por un Isócrates ya octogenerio, Antídosis representa un discurso ficticio, de difícil taxonomía, a un tiempo judicial, apologético, didáctico y  autobigráfico ("una imagen de mi pensamiento y vida")  (Y. Lee Too 2008). El alegato expuesto en el lógos, a propósito de la exculpación de la retórica, afirma Isócrates que, lejos de propiciar la intriga, la habilidad oratoria puede ser fuente de importantísimos bienes para la polis. Como prueba recurre a la autoridad de la tradición, al ejemplo de los antepasados. Entre los antiguos dirigentes, de Solón a Pericles, los mejores rétores habían actuado en diversos ámbitos de la vida pública como grandes benefactores de la ciudad (parágrafos 230-6). Al hilo de estas consideraciones, el texto se torna visibilis, se abre a la visibilidad de lo artístico y por un momento enfoca la ciudad de las imágenes para luego proseguir su argumentación por otros derroteros.

El parágrafo 234 singulariza el gobierno de Pericles por la promoción arquitectónica de Atenas: los beneficios de su mandato no conciernen tanto a la actuación legislativa, a la sagacidad estratégica o a la acción militar como a la actividad edilicia, a la magnificencia pública. Esta última adquiere valor de conquista histórica, comparable a las reformas de Clístenes, origen de la democracia, o al buen consejo de Temístocles, que hizo posible la victoria de Salamina y abrió el camino hacia la hegemonía. Con ello, Isócrates pone el acento en la labor cultural del estratego, convertido en gran impulsor de las artes, y por primera vez establece un estrecho vínculo personal entre Pericles y el despliegue monumental de Atenas, valorado como la aportación más valiosa de su mandato. 

Destinado a afianzarse casi como principio de autoridad, el protagonismo que Isócrates atribuye al mandatario en el ornato monumental de Atenas tiene visos de opinión que seguramente ya en su tiempo era asumida por el discurso colectivo como un valor reconocido. Mas confrontada con las formas de gestión arquitectónica habituales en la ciudad del imperio marítimo, se revela poco ajustada a las realidades del siglo V a.C. En una democracia en la que imperaba el espíritu igualitario y los edificios públicos representaban un instrumento de glorificación del démos, celoso de su autoridad y sus prerrogativas, las decisiones en el terreno de la edilicia ciudadana no obedecen al criterio individual del estratego, sino a los acuerdos de la asamblea popular y a la actuación de sus órganos delegados.

 Con respecto a la intervención de Pericles en el programa de la Acrópolis, revisada entre otros por W. Ameling y Ph. A. Stadter, algunas fuentes antiguas -no así las contabilidades conservadas relativas a los monumentos- citan al dirigente como επιμελητής (Éforo-Diodoro) o bien como επιστάτης (Filócoro, Estrabón). Ya fuera como asesor o como miembro, Pericles habría formado parte de las comisiones oficiales encaradas del seguimiento de los trabajos y de la inspección de los presupuestos. Las atribuciones de estos supervisores estaban estrictamente definidas, debiendo rendir cuentas de su gestión colegiada ante la ekklesía,  que anualmente decidía sobre la elección de los cargos (A. Wittenburg 1978).

La iniciativa que Isócrates atribuye al hombre de estado en el kósmos u ornato monumental de la ciudad (ἐκόσμησε τὴν πόλιν), prefigura la función patrocinadora del evergeta helenístico y supone el punto de arranque en la elaboración literaria de una imagen estilizada de Pericles en tanto que benefactor artístico de la polis. Fue el siglo IV a.C el creador de esta opinión reinante que siglos después reafirmaría Plutarco en el βίος  que dedicó al estratego, transformado en modelo de evergetas.

En Antídosis el brillante despliegue arquitectónico se muestra pues estrechamente enlazado al mandato  de Pericles, que actuó como buen partidario del pueblo (δημαγωγός). Y es que para Isócrates los monumentos vinculados al dirigente, son conquista de la democracia ateniense y en su realidad tangible se contemplan como testimonio visual de la supremacía de la ciudad, cuyo liderazgo en el terreno de la cultura la hacía merecedora de la hegemonía política. Poco antes, sin hacer mención de Pericles, así lo anticipaba en el Areopagítico: "¿quién de mis contemporáneos no recuerda que la democracia adornó la ciudad con templos y monumentos civiles que todavía ahora nuestros visitantes piensan que ella es digna de gobernar no sólo a los griegos, sino a todos los demás?" (Isoc.7.66). La superioridad cultural de Atenas, elevada en la ficción retórica de Isócrates sobre el resto de la humanidad, se afirma y evidencia a través de la expresión monumental, tanto en el ámbito sagrado como en el civil.



Vista SE de la Acrópolis de Atenas; en este sector de la ladera se erigió el teatro y también el Odeón de Pericles. Las fuentes atribuyen al mandatario un particular empeño personal en esta última realización, de la que se conservan limitados vestigios.
Entre los "trabajos de Pericles" que recoge Plutarco, Isócrates presenció bajo el mandato de Conón la reconstrucción de los muros largos, derruídos por Lisandro y levantados con la ayuda de fondos persas. 

De forma significativa, el texto establece también un estrecho vínculo entre el dominio del πολιτικός λόγος y las realizaciones artísticas del gobierno de Pericles: retórica y edilicia aparecen asociadas en una relación casi causal, pues el ornato de Atenas había sido fruto de la aptitud oratoria de un ῥήτωρ ἄριστος. El nexo que tiende Isócrates entre las cualidades retóricas del estratego y su actuación en el kósmos de la ciudad habría de desarrollarse y magnificarse en Plutarco donde, en lo concerniente al proyecto monumental de Atenas (los Περικλέους ἔργα), las dotes persuasivas de Pericles, requisito del buen estadista, sortean ante la asamblea todo obstáculo de oposición política.

Utilizando a Platón como fuente, en el parágrafo de Antídosis Pericles es discípulo del filósofo Anaxágoras de Clazómenas y del músico Damón, ambos calificados por Isócrates de sofistas. De este modo, el mandatario aparece situado en la esfera de influencia de los intelectuales, otorgándosele una ilustración y unos estrechos vínculos con el mundo de la filosofía de los que los contemporáneos del gobernante, comenzando por el historiador Tucídides, nada dicen. En cuanto a Platón, los comentarios sobre la talla intelectual de Pericles aparecen teñidos de ironía.

            En su recreación del pasado, Isócrates  elogia la capacidad oratoria de Pericles con el fin de aproximarlo a sus filas de forma retroactiva. Y lo hace no por la predisposición natural, sino por la vía de la retorica aprendida, exponente de cómo la cultura, entendida como padeía política, puede influir de manera decisiva en los asuntos del estado a través de la educación de sus gobernantes.Al tiempo que ejemplifica en las realizaciones monumentales de Pericles el valor de la retórica en tanto que canon de las virtudes políticas, actualiza el lugar común del vínculo entre el estadista y el consejero o mentor filosófico, influyente en la formación del carácter y en las deliberaciones del dirigente.Debe tenese en cuenta que para Isócrates, y a diferencia de Platón, filosofía y retórica representan términos sinónimos y él mismo se definía como filósofo de logoi.  

                Isócrates, que en su juventud presenció la conclusión de los grandes empresas públicas, no se detiene en la écfrasis de los monumentos pericleos, ni tan siquiera en la mención de los más representativos. Al igual que Platón o bien del resto de los rétores del siglo IV a.C., nada dice sobre la estrecha colaboración entre Pericles y Fidias, este último recordado en otro pasaje del discurso como autor de la Parthénos, es decir, como ἀγαλματοποιός, hacedor de estatuas sagradas. 

La acomodación discursiva al devenir político

Varios pasajes del corpus isocrateum mencionan la ciudadela en su función retrospectiva de santuario opistódomo, depositario del φόρος de la Liga atico-délica, recordando cómo Pericles "llenó la Acrópolis de plata y oro", llevando al santuario ocho o bien diez mil talentos, aparte de los tesoros de los templos (la distinción entre tesoro federal y tesoro sagrado se ciñe a la realidad histórica). Esta tesaurización, a juicio de Isócrates, si bien hablaba del poder alcanzado en otro tiempo, no engrandecía la fama de la polis, "porque nadie aplaudiría a nuestra ciudad porque tuvo el dominio del mar, ni porque, tras exigir a los aliados enormes riquezas, las subió a la Acrópolis (...), sino que de estas situación se han producido contra la ciudad muchas acusaciones", afirmaría en el Filipo (Isoc.5.146-7). Precisamente el empleo del tributo federal, "la riqueza que injustamente entraba e la ciudad", había representado un destacado argumento contra el programa monumental y una de las causas mayores de impopularidad del imperio ateniense.

Sin embargo, en el pasaje considerado de Antídosis, la promoción edilicia atribuida a Pericles no aparece relacionada con su marco histórico específico, el imperio naval. Años antes, en el Panegirico, justificaba Isócrates el imperialismo ateniense del siglo V a. C., considerado en este importante discurso  como promotor de la democracia e incluso fuente de prosperidad para los aliados. Isócrates se manifiesta a favor de una nueva confederación, que poco después habría de materializarse en la Segunda Liga Marítima (378/7 a.C.). Pero en Sobre la Paz, redactado hacia 356 a.C., tras el fracaso de la Liga y la derrota de Atenas en guerra Social o guerra de los Aliados, Isócrates ya había adoptado una posición bien distinta ante este tema clave del pensamiento político del siglo IV (J. T. Chambers 1975; J. DAVIDSON 1990), criticando la πλεονεξία del imperio (aquí entendida como el deseo de tener más que los otros y más que su parte legítima) (Bouchet 2007), comparándolo con la tiranía, y presentado el imperialismo naval  en tono moralizante como un auténtico infortunio que había corrompido el carácter ateniense (Isoc.8.83). El juicio isocrático sobre la Atenas hegemónica fue mudando conforme a los acontecimientos que se sucedieron en su tiempo.

Actualidad y superioridad de los monumentos de la archè ateniense 

A modo de expresión inmanente de hegemonía cultural, las construcciones de la Atenas de Pericles trascienden en Isócrates el momento de su ejecución, y en su vigencia en tanto que memoria histórica comunican superioridad al presente. Esa permanencia, cuyos ecos resonarían siglos después en Plutarco - "el aliento siempre joven, el espíritu que  no envejece" (Plu. Per.13.5) - cualifica en Antídosis unos monumentos cuya vitalidad, al margen de un contexto histórico bien polémico, no había disminuido ni un ápice con el paso del tiempo. Ciertamente, durante la larga vida de Isócrates la Acrópolis de la Atenas hegemónica y con ello las obras más prestigiosas del amplio programa, se mantuvo intacta.

La actualidad de los edificios que recoge el parágrafo hunde sus raíces en una estrategia textual de un uso muy anterior, Remontándose a Homero, el tema de la perdurabilidad  de los monumentos cuenta con una larga tradición que se hace particularmente expresiva en el ámbito funerario. Como rezan sus epitafios, desde el Arcaismo los μνήματα  aspiran a ser memoriales imperecederos, estelas inextinguibes (J. Stembro 1988, E.P. Mc Dowan (1995). El propio Tucídides, a punto de concluir el célebre discurso fúnebre puesto en boca de Pericles, califica de eternos los monumentos (μνημεῖα… ἀίδια) dejados por todas partes para gloria de la ciudad y testimonio de su poder "por lo que seremos admirados por nuestros contemporáneos y por las generaciones futuras", sin mencionar el programa edilicio desplegado en la polis y sin que la voz impersonal del estratego, que utiliza un plural cívico. se atribuya iniciativa alguna en este terreno (Th. 2.41.4-5).

En el elogio de la polis, el topos de la perennidad de los edificios atenienses también hallaría eco en Demóstenes - a diferencia de Isócrates, hombre de béma-, quien en el discurso judicial Contra Androción los califica de posesiones imperecederas, índices de dominio y concordia ciudadana, poniendo en paralelo el recuerdo de las empresas de la Atenas imperial y la belleza de los edificios, que no se limitaron a la reconstrucción de la Acrópolis "esos Propileos, el Partenón, los pórticos y los arsenales". A través de la oratoria del siglo IV, la gloria de aquellas empresas públicas se hace comparable a las grandes grandes hazañas, a los érga, tanto reales como míticos, del pasado ateniense.

En el pasaje de Antídosis la exaltación de la ciudad se explicita a través de una función modélica que entronca con Tucídides, pero cuya clave radica ahora en el prestigio universal de sus realizaciones monumentales. Los edificios con que a a decir del rétor  Pericles favoreció la ciudad, tantas veces evocados en los oradores como testimonio de esplendor, de poder y riqueza, representan en Isócrates el exponente visible de la reconocida supremacía cultural de los atenienses, cuyo dominio en el plano del espíritu les hace merecedores de una hegemonía, de una archè universal (W. Jaeger 1984). La superioridad cultural sobre todos los demás (τῶν ἄλλων ἁπάντων)  (Ant. 15.233-4) trasciende en el pasaje lo estrictamente griego y deja abierta la interpretación universal. De este modo, en Isócrates los monumentos imperecederos adquieren una validez ecuménica y celebran Atenas como auténtica cosmópolis, merecedora de recobrar los valores cívicos de la hegemonía. En el texto la autoridad de aquel patrimonio desborda incluso el ideal panhelénico bajo la dirección de Atenas, siempre central en Isócrates, y los antiguos monumentos alcanzan una vigencia modélica que viene a designarlos como clásicos en la acepción más estricta del término. 


 BIBLIOGRAFÏA

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viernes, 14 de agosto de 2020

Retos sobrevenidos. Atenas, Tesalónica y el patrimonio urbano del subsuelo


Durante los años noventa del pasado siglo, en el transcurso de las obras de ampliación y trazado de nuevas líneas del Metropolitano ateniense, gestionado por ATTICO METRO SA, se ejecutó la mayor excavación arqueológica que experimentó la ciudad histórica hasta el momento, sustancialmente en estaciones y pozos de ventilación. Como suele acontecer en la realización de estos grandes proyectos de infraestructura urbana que afectan al subsuelo ( tras Atenas, en Grecia fue Tesalónica, donde la primera fase del metropolitano se completó en 2009), la colaboración entre ingenieros y arqueólogos no fue fácil en una carrera de excavación a contra reloj en la que los trabajos de urgencia interrumpían continuamente el avance de las obras.

La gran intervención, socialmente ineludible ante las innegables y casi endémicas deficiencias del transporte público en la ciudad, trajo consigo la actuación en cuantiosos yacimientos arqueológicos , hallados a una cota que por lo general no rebasaba los 7 ms, mucho más superficial que la correspondiente a los túneles, perforados a una profundidad de al menos 15 ms. La ardua labor de los especialistas griegos, gracias a la actuación del Servicio Arqueológico del Ministerio de Cultura en sinergia con otros organismos institucionales, así como con la sociedad ATTIKO METRO, propició la recuperación, la salvación de una cantidad ingente de material, tanto construido como mueble, que enriqueció de forma notable el conocimiento topográfico y diacrónico de la ciudad antigua, cuyos estratos se hallan sepultados bajo la gran urbe de nuestros días. En varias estaciones del centro histórico, las más densas en hallazgos, junto con otras más periféricas, hoy se muestran vestigios constructivos de ese pasado, parcialmente recuperados y museizados. La muestra permanente de los restos de cubrición del antiguo lecho del río Eridano, en el acceso a la estación de Monastiraki representa un buen ejemplo, junto con la sección museizada de las estaciones de Syntagma y Acrópolis, que cuentan con espacios expositivos, incluso de carácter polivalente. En ellas también se presentan reproducciones de piezas de arte mueble halladas en los distintos yacimientos, protegidas en vitrinas.
 
Los trabajos del Metro ateniense en las Líneas 1 y 2, que abarcaron un extensa área del centro histórico, sacaron a la luz un material arqueológico de valor extraordinario, que obviamente no siempre pudo ser salvado. Amén de restos arquitectónicos de gran relieve, correspondientes tanto a la edilicia pública como a la privada, e importantes inscripciones epigráficas, alguna estrechamente ligadas a la historia militar de la Atenas clásica, depararon un número abrumador de obras artísticas de variada naturaleza (esculturas, relieves, innumerables piezas de cerámica y coroplástica, mosaicos), correspondientes a un amplísimo arco temporal. El total de piezas de todo tipo recuperadas hasta el año 2000 superaba las treinta mil.

En ese mismo año, la colaboración entre el Ministerio de Cultura y el Museo de Arte Cicládico propició la realización en Atenas de una importante exposición, presentada en el mencionado museo bajo el título "La ciudad bajo la ciudad". En ella se mostraron unas 500 piezas representativas de cuanto se halló en las excavaciones del Metropolitano, algunas de ellas de valor e interés histórico artístico realmente excepcional




Cabeza en bronce de muy comienzos del Estilo Severo (h, 480 a. C.). Hallada en las excavaciones del pozo de la Avenida Herodes Ático. Portada del Catálogo de la Exposición La Ciudad bajo la Ciudad (Museo de Arte Cicládico, Atenas 2000)

Hasta la actualidad, el trazado de las líneas metropolitanas de Atenas no ha dejado de expandirse y con ello se acrecientan año tras año nuevas evidencias arqueológicas de relieve. En las actuales excavaciones llevadas a cabo en El Pireo con motivo de la extensión de la Línea 3 hacia la ciudad portuaria, y en particular en las obras de la nueva y céntrica estacíón de Dimotiko Theatro, al término de la linea, ha aparecido material de ingeniería hidraúlica, así como parte de un sector de arquitectura doméstica, junto con  numerosas piezas de carácter mueble en diverso estado de preservación. Casi la tercera parte de estas últimas, unas 1300, fueron realizadas  en madera, lo que singulariza el interés de los hallazgos ejecutados en un materal perecedero cuya conservación propiciaron las condiciones medioambientales del subsuelo. La mayoría  proceden de viviendas y tuvieron un uso cotidiano ( utensilios domésticos,  muebles, herramientas, etc.) 


   Trabajos en la nueva estación de la Línea 3 en el centro de El Pireo, frente al Teatro Municipal. Foto F. Marín.

    Sobresale una escultura acéfala realizada en este material (empleado en la estatuaria griega desde el Arcaísmo), hallada en uno de los pozos y seguramente procedente de un contexto doméstico. Lo conservado de la imagen alcanza los 0,50 ms de altura y se trata de una más que probable representación del dios Hermes, de época Helenística, vestido con chitón corto y clámide recogida en el hombro izquierdo. Lo que perdura de las piernas deja bien explícito en la estatua un acentuado contraposto. Al haber perdido los antebrazos, que iban engastados, se desconoce los atributos que portaba, En cuanto a su función sagrada, debe recordarse que Hermes, divinidad agorea por excelencia, es también proterctor del oikos, garante del bienestar y la prosperidad en el ámbito doméstico. 

                 Actualmente estos hallazgos se almacenan, se conservan y exponen al público en una Ξυλαποθήκη, un taller de carpintería reconstruido ex profeso en la mencionada estación  (aún incompleta) a partir del prototipo de un ergastérion  antiguo; bajo el mismo, prosiguen los trabajos de excavación. Desde la óptica de la presentación patrimonial, no puede negarse la originalidad de esta solución, que conecta el espacio expositivo y restaurador con la actividad arqueológica en el subsuelo. El grueso de lo hallado corresponde a los siglos II e inicios del I a.C., anterior a la grandes destrucciones que sufrió la ciudad en el año 86 a.C., durante la campaña de Sila contra Atenas. Los materiales de deshecho fueron sepultados en pozos que con posterioridad no se utilizaron y en su excavación, en ocasiones a considerable profundidad, los arqueólogos hallaron importantes vestigios de El Pireo helenístico.


Escultura en madera, casi con plena seguridad representación del dios Hermes. Estación Dimotiko Theatro. El Pireo.
 
La ciudad bajo el Museo

En sintonía con este proceso de recuperación del pasado unido a la perforación subterránea, el nuevo Museo de la Acrópolis, construido a partir de 1999 e inaugurado en 2009, se mostró particularmente respetuoso con los múltiples hallazgos que fueron apareciendo en las excavaciones de cimentación. Preservados y visibles, se integraron en el proyecto de Bernard Tschumi, aún a costa de modificar drásticamente la estructura y la tectónica de la construcción, retardando con ello algunos años el término de los trabajos.

El Museo resulta paradigmático con respecto a la protección y puesta en valor del patrimonio del subsuelo. En esta esta ocasión, se trata de los restos de un sector urbano ampliamente poblado y dilatado en el tiempo, hasta entonces oculto bajo el barrio de Makriyanni. De forma sobrevenida, el nuevo monumento contemporáneo se convirtió también en museo del subsuelo, desde el pasado año, coincidiendo con el décimo aniversario de su inauguración, accesible a los visitantes. Lo recuperado en el transcurso de la cimentación del edificio se presenta en términos de ósmosis y continuidad. De modo que el gran museo del siglo XXI se ancla de forma bien explícita sobre la memoria material y la cotidianidad del pasado.




Los restos hallados y acotados bajo el Museo forman parte de un amplio sector arqueológico que hacia el E. se extiende hacia la nueva y cercana estación de Metro Acrópolis y cuya amplitud es difícil de determinar. Testimonian una ocupación humana de larga duración y poseen un interés muy particular desde la óptica de la arqueología del hábitat. A diferencia de lo acontecido en las excavaciones del Metropolitano ateniense, entre los hallazgos de la cimentación del gran proyecto de Tschumi no apareció ninguna pieza de arte mueble de espectacular relevancia histórico artística.

Tesalónica: los archivos del urbanismo frente al futuro (incierto)

En 2006, Tesalónica inició las obras de su Metropolitano; la primera fase se completó tres años después, pero debido la riqueza arqueológica que ha deparado el subsuelo y a la compleja problemática en torno a la conservación y visibilidad de una parte destacada de lo hallado, las obras aún no han concluido y se espera que se prolonguen al menos hasta 2023. Los restos arquitectónicos más importantes -junto a infinidad de piezas mueble- aparecieron en la excavación de las céntricas estaciones de Eleuterio Venizelos y Santa Sofia (Linea 1). Sustancialmente no corresponden a la ciudad helenística, sino a la Tesalónica romana, tardo antigua y y del periodo propiamente bizantino. El extraordinario interés de lo hallado no concierne solo a construcciones y piezas aisladas. Radica ante todo en el urbanismo subterráneo, que el subsuelo conserva a modo de archivos de la historia de la ciudad, de trazado regular desde sus orígenes. Ya antes de los inicios de los trabajos de excavación, los expertos advirtieron que la ruta elegida para el Metro atravesaba áreas bajo tierra de la mayor relevancia histórica y de alto riesgo arqueológico.



Excavaciones en la Estación de Santa Sofía


Tramo del decumanis maximus


Tramo del decumanus maximus, flanqueado de estoas cubiertas


Decumanus maximus, elementos hidraúlicos. El acueducto romano de Hortiatis, varias veces reparado e incluso reconstruido, garantizaba la provisión de agua a la ciudad.

En particular destaca la aparición de más de 75 ms. muy bien preservados del decumanus maximus, a unos 5 ms bajo el nivel del centro de la ciudad, durante los trabajos de excavación de la Estaciones mencionadas. Esta vía, de fase tardo antigua (fines del siglo VI- comienzos del VII d.C.), conocida en época bizantina como la Avenida Media (Μέση Οδός),  la calle ancha (Φαρδύς δρόμος)  ya en tiempos otomanos. representaba la gran arteria de circulación y actividad ciudadana. Precedida de otra de época tardo romana, tal vez construida durante el mandato del Emperador Galerio, sigue muy estrechamente el trazado direccional de la moderna Avenida Egnatia, que conserva el nombre de la gran calzada que unía Dürres y Constantinopla.

El eje longitudinal se cruzaba con el cardo maximo (gran arteria que que conducía al puerto) a la altura de Venizelos, donde se hallaron los restos de un complejo tetrapylon postromano de ocho apoyos: el célebre arco de Galerio, de tiempos de la Tetrarquía (h.300 d.C), cuando Tesalónica fue una de capitales imperiales, no representó el único cuadrifronte erigido en la ciudad tardo antigua. Queda por ahondar en la relación urbanística. simbólica y alusiva entre ambos monumentos. Seguramente el más reciente, apoyado en pilares tardoantiguos de sección cuadrangular, tuvo muy en cuenta la presencia de su antecesor, si bien las soluciones romanas se integraron en una nueva síntesis estructural y decorativa.


Restros del tetrapylo paleobizantino. en la intersección de los dos grandes ejes. Estación Benizelos

El mencionado sector de la gran arteria antigua, de una anchura de 7,5 m,. pavimentada en mármol y porticada, resulta el hallazgo más destacado, hasta el punto de poder ser calificado de excepcional: ni tan siquiera Constantinopla, considerada el gran referente del urbanismo bizantino (a veces incluso en exceso, como cuando de forma reductiva se erige en paradigma general ) ha conservado o deparado algo similar. El patrimonio que en Tesalónica emerge en el subsuelo, ancla definitivamente en la realidad histórica un urbanismo hasta el presente casi imaginado.

En torno al decumanus maximus aparecieron restos de viviendas de ladrillo, así como de talleres, tiendas, sectores de actividad mercantil, fuentes, balnea y conductos hidraúlicos. El mantenimiento y la renovación de las estructuras e infraestructuras urbanas esenciales, como las destinadas a la provisión y el uso de agua (de múltiples implicaciones sociales), representa todo un índice de continuidad del modelo de poder imperial, en mayor o menor medida transferido a las élites locales. Todo habla de un paisaje urbano que no es propio de una "Edad Oscura"; dentro de una dialéctica de permanencia y cambio, en lugar de decadencia, buena parte de los nuevos hallazgos expresan una fase de transición y transformación de la ciudad entre la era justinianea y el Periodo Bizantino Medio. .


Decumanus maximus, pavimentado con lastras de mármol a diferencia del cardo maximo, con suelo de piedra común.

Del mayor interés son los restos de un elaborado ninfeo, una fuente de facciata junto a la entrada norte de Santa Sofía, adyacente al decumanus maximus y cuyas sucesivas fases corresponden a los siglos IV-VII d. C. Se trata de un edificio muy monumental (15,45 x 1,80 m,) que con el tiempo adoptó una planta en forma de U y doble piso, estructurado en hornacinas semicirculares en el plano inferior mientras que en el elevado, de composición más compleja, alternaban nichos rectangulares con otros semicirculares y elipsoidales. Estos huecos debieron albergar estatuas, que amén de ornato conferían al edificio una dimensión expositiva. Aparte del valor monumental, similar al de las fuentes erigidas en Constantinipla o Antioquía, los restos de esta construcción, tal vez la fuente pública más importante de la ciudad paleo bizantina, poseen también una extraordinaria relevancia urbanística. En tanto que lugar de referencia de la Wasser Kultur, deberían mantenerse y preservarse in situ, sin someterlos a ningún tipo de remoción,como bien lo argumentó en 2018 la Asociación Griega de Arqueólogos ante intervenciones desacertadas de traslado parcial.


Restos del ninfeo de doble piso. S. IV-VII d.C. Estación Santa Sofía, Tesalónica

En el ámbito funerario fueron halladas innumerables tumbas, algunas datadas en época helenística. como una de las halladas en las excavaciones de la estación Plateia Democratias, al E. de la ciudad, que amén de una gran necrópolis escalonada en el tiempo depararon restos de una basílica triabsidiada tardoantigua. Se trata de una tumba de cista destinada al enterramiento individual de una mujer joven. Pese a la sencillez de la estructura, una tumba de considerable tamaño pero carente de la complejidad de las grandes tumbas macedonias, el ajuar funerario, formado por corona dorada de hojas de mirto y pendientes de oro junto con un espejo en bronce, la designa sin la menor duda como enterramiento de rango. La corona de inspiración vegetal se suma a varios hallazgos previos de piezas similares en las excavaciones de la Estación Panepistimio.


Corona femenina de hojas de mirto, comúnmente asociadas al culto a Afrodita y a las ceremonias nupciales. Primer Helenismo. Gran necrópolis  ubicada extramuros  hallada en la Plaza Bardarínou, al este de la ciudad. Estación Plateia Democratias, Tesalónica

¿Falsos dilemas?


Con relación al decumanus maximus,,si problemático y de extraordinario coste resultaría dejar in situ los descubrimientos y acondicionar el acceso y la visita, (lo que supondría incluso reestructurar la Estación Venizelos y con ello parte de la red metropolitana), desde una óptica patrimonial también lo sería desmontar, remover o fragmentar semejante fábrica - una via columnata no es precisamente un monumento portátil- y reubicarla en otro lugar, como propone el gobierno central junto con ATTIKO METRO SA, la sociedad gestora de la gran infraestructura. Arqueólogos y movimientos ciudadanos mantienen un criterio y una defensa conservacionista a ultranza: como principio universalmente aceptado, la preservación in situ de los vestigios inmuebles siempre es con mucho preferible y culturalmente prioritaria. Enfrente, la administración central y la gestora, que ante el pragmatismo de los números y los presupuestos ven eternizarse la apertura del Metro tesalónico. El gobierno griego hoy contempla la idea del traslado de los restos a un nuevo museo temático, destinado a mostrar los hallazgos arqueológicos de las excavaciones del Metro. Una iniciativa aún si contenidos y, por tanto, aún sin definir. Con todo ello, el centro de Tesalónica, el más denso de valores semánticos de la ciudad histórica, es hoy espacio de tensión y disputa.

El pasado diciembre, Europa Nostra, la federación para el patrimonio europeo representada en Grecia por la Elleniki Etairia, también ha expresado a las autoridades griegas su oposición a la disgregación del sector del decumanus , advirtiendo de los daños irreparables que podrían sufrir los hallazgos durante su extracción y traslado. Recordando el respeto a los valores de autenticidad que la conservación in situ propicia, como recogen los acuerdos de la Convención Europea para la Protección del Patrimonio Arqueológico (La Valetta, 1992), más conocido como Convenio de Malta, ratificado por Grecia en 2005.

Europa Nostra significantly state they, too, are convinced the reinstatement of the proposal to temporarily remove and later reinstall antiquities after the completion of the station’s construction “will cause irreparable damage to the physical condition of the antiquities during their extraction and removal as well as a drastic reduction in the authenticity of the monumental ensemble. It will lead instead to the creation of a scenic setting within a contemporary metro station, while reducing radically the historical, cultural and educational value and significance of the archaeological remains”.

The implementation of the already agreed conservation ‘in situ’ of the archaeological remains at the Venizelos metro station in Thessaloniki, would be consistent with the European Convention for the Protection of the Archaeological Heritage signed in Valetta (1992)” – a convention which was ratified by Greece in 2005 – and mandates signatories “to make provision, when elements of the archaeological heritage have been found during development work, for their conservation in situ when feasible”.

Finalmente, en abril de este mismo año la International Association of Byzantine Studies (AIEB) trasladó al Primer Ministro griego su protesta ante el proyecto de moción de los restos de su emplazamiento originario.

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Reconstrucción ideal del decumanus maximus deTesalónica

Incluso frente al reivindicado patrimonio en el exilio, el gobierno griego debería demostrar su compromiso y competencia en la salvaguarda de este excepcional tesoro arqueológico, a caballo entre Roma y Bizancio.

Grandes proyectos de infraestructura urbana, Arqueología y Covid19

Entre las innumerables catástrofes a las que se ha visto sometida la humanidad ya desde sus mismos orígenes, las pandemias, documentadas ya desde el Paleolítico por la Arqueogenética, no han sido precisamente las menos duras. Ligadas múltiples factores (medioambientales, nutricionales, higiénicos y de movilidad), suponen un gran desafío a la resiliencia que obiga a repensar lo peexistente. A ahondar en las causas, a enjuiciar graves errores en los modelos de desarrollo, hoy en día errores globales y ya de muy difícil rectificación. El Covid19 ha puesto en lo que seguramente será una duradera cuarentena la propia validez del progreso ilimitado y del crecimiento indefinido.

Como en todos lo ámbitos de nuestra existencia, tanto individual como colectiva, la pandemia traerá consigo la inevitable ruptura de continuidad, la paralización o ralentización extrema de los grandes proyectos urbanísticos en casi todo el planeta. Difícilmente Grecia, tan penalizada ya ante la crisis de 2008, sería una excepción. Con lo cual, sobre la prosecución de los trabajos de realización o ampliación de las líneas metropolitanas, se ciernen sobrevenidas y hasta hoy desconocidas incertidumbres, que en modo alguno son ajenas al ámbito del patrimonio arqueológico. Muy en particular, Tesalónica debe enfrentarse al desafío que representarán los nuevos condicionamientos de la tutela, la conservación y la difusión de cuanto ha deparado la ciudad bajo la ciudad. Unos hallazgos que en gran medida complementan y enriquecen los recursos culturales por los que la ciudad fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial (1988): sus renombrados monumentos paleocristianos y bizantinos, hoy susceptibles de resignificación, de nuevos recorridos de lectura, de ser entendidos en la globalidad de una nueva red relacional, dentro de un correlato urbano que trasciende la visión puramente monumentalista y tanto enriquece la memoria de la ciudad histórica.


Más que nunca, en nuestro presente las palabras de N. Gracia Canclíni mantienen una plena vigencia: "es en los medios masivos de comunicación donde se desenvuelve para la población el espacio público". En la comunicación global del patrimonio, ya esencial desde hace décadas, Tesalónica debe potenciar al máximo los programas, plataformas y otros recursos de difusión telemática, tanto de carácter divulgativo como científico y didáctico, con el fin de implementar la puesta en valor - global y continuada - de los excepcionales hallazgos (Brogiolo y Chavarria 2020), incluyendo su narrativa de conflicto. Apostar en suma, dentro y fuera de los medios oficiales y académicos, por una gran estrategia virtual de actualización viva y permanente de unos valores de civilización que, bien sea a medio o a largo plazo, cabe esperar que recuperen todo su potencial como preciados recursos culturales para el futuro de una ciudad de excepcional valor patrimonial e insuperable calidad paisajística.

A diferencia de otras metrópolis del continente europeo, Tesalónica, como tal vez a otra escala Barcelona, aún no ha perdido el último tren de la sostenibilidad, en tantos aspectos indisociable de la reversibilidad y de un cierto decrecimiento racional. En tiempos de emergencia (un mundo postcoronavirus aún no se vislumbra), ojalá se repiense con acierto un nuevo derecho a la ciudad, necesariamente resiliente y consensuado en todos los aspectos. Una suma de derechos que no relegue el irrenunciable derecho a la cultura ni a una gestión democrática y participativa de los bienes culturales en tanto que bienes ciudadanos y públicos y gran núcleo común de cohesión cívica.

En la nueva e incierta situación, los actuales vestigios materiales del pasado tal vez dejen de ser considerados por las administraciones como molestos obstáculos ante las expectativas de desarrollo, hoy truncadas por lo sobrevenido, y se avance en el impulso de un futuro patrimonial más consensuado. Porque así como el consenso agrega valor a la ciudad, el disenso se lo resta (I. Muñoz Santini 2013)


BIBLIOGRAFÍA

TÖLLE-KASTENBEIN (1990)
VITTI (1996)
PARLAMA y STAMPOLIDIS (Eds.) (2000)
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GARCIA CANCLINI (2008)
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KIOSOPOULOU (2013)
BROGIOLO (2018)
KELBI ROGERS (2018)
TRAIOU (2018)
BECKER (2018)
MANOLEDAKIS (2018)
TSIVUKIS (2020)
BROGIOLO y CHAVARRIA ARNAU (2020)
GOULD (2020)


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