sábado, 2 de enero de 2021

Afrodita Cnidia. La presentación de una diosa

 

Aunque de personalidad estilística no tan netamente definida como suele asegurarse, en su búsqueda de la originalidad, en su afán de ahondar en la diferencia con lo preexistente, Praxíteles constituye un artista profundamente innovador. La Afrodita Cnidia incluso encarna una ruptura con la tradición, una cierta transgresión, si bien consensuada con la permisividad social. Esta última acepta por primera vez el desnudo femenino en la estatuaria pública y sagrada: la Cnidia representó en el mundo griego la primera escultura monumental de una diosa reproducida en completa desnudez, por demás seguramente utilizada como ágalma cultual. Lo más probable es que se realizara en el apogeo de la carrera de Praxíteles (Plinio sitúa su acmé entre 364 y 361 a.C.), si bien tampoco se descarta una data posterior, hasta 340 a.C. Extraordinariamente admirada y elogiada en el mundo greco romano, habría de erigirse en uno de los iconos más renombrados e influyentes de toda la historia del arte occidental.

 Sea en un museo, en un parque histórico o en el interior de un templo, la presentación, la forma en que una imagen se muestra en un determinado espacio condiciona en alto grado la percepción de toda obra de arte. Máxime cuando ese espacio, ubicado en una topografía sagrada, fue concebido como receptáculo para albergarla, para instalarla, pensado en función de los caracteres tanto tangibles como simbólicos de la misma. En este aspecto, la construcción que alberga una estatua sagrada puede interpretarse como lugar entorno, como ámbito de presentación de lo representado. Esta entrada se centra esencialmente en el análisis y contextualización de la Cnidia dentro este campo, donde interactúan imagen, santuario y topografía. No pretende abarcar muchas otras cuestiones de estilo, iconografía e interpretación sin duda claves en el conocimiento de la estatua praxitélica.

Dos presentaciones contrapuestas 

          Si bien conforme a Plinio  no se ejecutó como encargo (Pl. N.36.20), la escultura en mármol de Paros (o bien en Pentélico) y de tamaño algo superior al natural fue adquirida por la ciudad caria de Cnido con destino a un santuario local, posiblemente el de Afrodita Euploia. Las circunstancias políticas, religiosas y culturales de la adquisición, en buena medida unidas a los vínculos entre Atenas y Cnido, han sido exploradas por A. Corso en un trabajo particularmente destacado dentro de los cuantiosos estudios praxitélicos (A. Corso 2007). 

De la información aportada por Plinio, que habla de una determinada presentación de la estatua en términos de percepción visual, se desprende que la Cnidia se expuso en una suerte de monóptero (una columnata que define un espacio circular  - o rectangular- sin delimitación mural). Abierta por todas partes, la aedicula donde se instaló (Plinio no utiliza el término aedes) permitía admirar la efigie de Afrodita desde cualquier ángulo, bajo todos los puntos de vista (Pl. N. 36.21). Añade el sabio naturalista que la estatua había sido esculpida con la aquiescencia la propia Afrodita: en la tradición griega los dioses aprueban los agálmata de excelencia que ejecutan los artistas y en ocasiones, ante la demanda de beneplácito por parte del artífice, manifiestan su aceptación mediante gestos sobrenaturales (Paus. 5.11.9). La dedicación de la estatua sagrada en el santuario como  ofrenda para complacer y honrar a la divinidad, convierten la imagen en propiedad del dios o de la diosa y como tal enjuician el objeto epifánico (V. Pirenne-Delfolgue 2014) 

Afrodita Colonna. Museos Vaticanos. Roma

Una fuente tan tardía como Pseudo Luciano (Am, 12-15) aporta la écfrasis más extensa sobre la estatua y su entorno natural y monumental. Los datos sobre el lugar expositivo de la Cnidia son relativamente precisos y no se refieren solo a la percepción de la estatua con ser ésta el centro de atención: se trata de un recinto ajardinado, poblado de mirtos, cipreses y vides, como es bastante habitual en los santuarios consagrados a la diosa (dentro de sus amplios dominios, Afrodita preside el mundo vegetal). Con el suelo sin pavimento de piedra o mármol, en aquel entorno la naturaleza se imponía en todo su esplendor. El edificio que albergaba la estatua, situada en el centro de la construcción, era ἀμφίθυρος, poseía dos puertas axiales y opuestas, una anterior de acceso y otra posterior, de distinta relevancia. Para contemplar la imagen de espaldas era necesario solicitar a la guardiana que custodiaba las llaves del templo abrir el acceso posterior, tal vez situado en un opistodomos, lo que permitía contemplar el dorso de la diosa en el interior de una naossugiriendo una exposición más restringida de la estatua, percibida en el opúsculo como anverso y reverso cargados de sexualidad y sin apreciar otras perspectivas. En la descripción que realizan los visitantes que protagonizan el diálogo, la atención y el elogio se concentran de forma bien preferentemente en la corporeidad de la estatua desnuda, sin prestar la menor atención a sus atributos que, alusivos al baño, resultan claves en la ambientación y, lo que es más importante, en la narración que la estatua epitomizaba en una sola imagen. Siempre significativos y pertinentes, las atributos representan importantes agentes de comunicación que canalizan la percepción visual de la escultura sagrada en una dirección particular (J. Mylonopoulos 2010). No obstante los atributos no la determinan por completo, es decir, no excluyen otras percepciones y valoraciones libres por parte del contemplador que la enjuicia. Así acontece en el recorrido de lectura de Pseudo Luciano, orientado hacia la apreciación puramente estética y en particular erótica de la corporalidad y hacia un entorno textual anecdótico que viene a reforzar el juicio puramente sensorial y preferentemente carnal sobre la imagen. La descripción de la Cnidia en Amores es sin duda vívida pero también morbosa, funcionando además en el texto como evidentia ambivalente dentro de un diálogo erótico.

Bien parece que Pseudo Luciano no se refiriera al edículo que recoge Plinio (J. Bazant 2017). Es más, incluso lo contradice, pues habla de un ámbito cerrado cuyo interior no permitía circundar la escultura. Por otra parte, en la tradición clásica resulta insólita la contemplación posterior de una imagen de culto y en la naos de muchos templos se consignan rejas y otras barreras precisamente para evitar que el fiel pudiera rodearla (S. Montel 2010). 

Durante el siglo IV a.C., y a partir de los testimonios conocidos hasta el presente, las estructuras arquitectónica radiales y perípteras -de función a veces bien incierta- , como a la que parece referirse Plinio, no dejan de ser más propias de un ἡρῷον de connotaciones funerarias, de un monumento corégico e incluso dinástico que de un templo propiamente dicho. Ya en los umbrales del Helenismo ahí está el Philipeion de Olympia, thólos de orden jónico proyectada como espacio expositivo de una Familiengruppe (A. B. Borbein 1973). En este último aspecto, la información de Plinio sobre la visibilidad de la Cnidia resulta un tanto peculiar y seguramente obedece a un origen helenístico tamizado por la cultura visual y literaria del mundo romano. La imagen de una thólos asociada a la diosa Afrodita y ambientada en un paisaje natural, representa un elemento recurrente dentro del II estilo pompeyano. Pero las construcciones ficticias de los murales romanos no procuran la reproducción fiel de un tipo de construcción real. Todo lo más, una evocación sublimada, a veces explícitamente mediatizada por el texto, como acontece en la Casa de los Epigramas en Pompeya (E. Prioux 2008).

          Tal vez con el paso del tiempo, cuando la estatuaria postclásica invitaba a nuevas formas de contemplación, y ante la extraordinaria celebridad de la imagen y las expectativas de los numerosos visitantes, el monumento originario experimentara un proceso de museización, transformado en un pabellón expositivo que facilitara una percepción integral del ágalma desde cualquier perspectiva, lo que, como se ha indicado, constituye una forma de presentación desacostumbrada en una imagen cultual durante la época clásica. 

El modo de exposición de la escultura que sugiere Plinio hace pensar en la apariencia de la Linterna de Lisícrates en Atenas (335-334 a.C.) antes de haberse cegado todos sus intercolumnios y que albergaba en su interior una estatua, probablemente de Dioniso. Modalidad de monóptero edificado ya a las puertas del Helenismo, el pequeño edificio de orden corintio constituía un pabellón cuyo peristilo, al menos parcialmente abierto y despejado de muro, invitaba a la contemplación de la escultura exclusivamente desde el exterior y bajo diversas ópticas, si bien sin extenderlas a todo su perímetro circular. Pero el singular monumento albergaba una ofrenda corégica, no una imagen de culto.


Linterna de Lisícartes. Reconstrucción de H. Bauer, 1977

 El hecho es que las versiones de Plinio y  Pseudo Luciano sobre el receptáculo de la diosa comportan espacialidades en conflicto. Por paradoja, se diría que para un templo de mediados del s. IV a.C. resulta más plausible y congruente la descripción “arcaizante” que se desprende de Pseudo Luciano (una fuente tan tardía) que la que sugiere Plinio. Pero en  ambos autores queda implícita cierta teatralidad del edificio sacro que albergó la estatua. Fuera un monóptero o una naos más o menos canónica, funcionaba como una suerte de espacio escénico volcado en la puesta en valor visual de la imagen. Comparando ambas versiones, se desprende que en distinta medida e incluso mediante procedimientos  arquitectónicos contrapuestos.

¿Percepción prioritaria?

A juzgar por las versiones consideradas más representativas de la Cnidia, la perspectiva de contemplación preferente debió ser la frontal, como corresponde a una estatua ejecutada en la plenitud del Segundo Clasicismo. Máxime en una imagen cultual, que habitualmente se concibe para ser vista de frente. Probablemente ningún original del maestro ha llegado a nuestros días pero se cuenta con el testimonio del tratamiento de los planos y volúmenes escultóricos que reflejan las recreaciones más o menos cercanas a los prototipos perdidos. El propio Hermes con Dioniso niño del Museo de Olimpia, pieza hoy de dudosa atribución al escultor (A. Ajootian 1996), pierde coherencia anatómica contemplado lateral u oblicuamente. Lo mismo acontece en las versiones romanas del Eros de Parion (Katsonopoulou 2020), o las muy numerosas del Sátiro en reposo que en mayor o menor medida parecen remitir a originales praxitélicos o al menos recoger algunos de sus caracteres más relevantes.


Versión romana del Eros de Parion (Propóntide), que ha deparado varias réplicas.
 Procedente de un contexto doméstico en la isla de Cos, la pieza reproducida se considera cabeza de serie y cercana al original, que según Plinio igualaba a la Venus Cnidia en celebridad y por el ultraje del que fue objeto (Pl. 36.22). La prioridad de la percepción frontal queda muy explícita. Museo Arqueológico de Cos. Foto A. Corso (2019).

Versión romana en mármol del Sátiro en Reposo (anapauómenos), una obra de Praxíteles que contó con innumerables réplicas y se considera ejecutada h. 330-340 a. C.  El contraste de texturas y claroscuros entre el cuerpo liso del joven sátiro y la rugosa piel de pantera dispuesta en diagonal, pudo jugar un papel destacado en el original, seguramente realizado en el mismo material  De contorno sinuoso, pronunciado eje en S y estructura dilatada sobre el plano frontal. Una concepción de la forma bien distinta a la de Escopas, que ponía en valor la tridimensionalidad de la imagen y el espacio envolvente. La pieza data de siglo II d. C. Museo Arqueológico, Patras. Foto F. Marín.

Contextualización. Incertidumbres y expectativas

     Ubicada en el Cabo Crío, promontorio  en el extremo occidental de la alargada península de Datça, al SW de Caria y frente a la isla de Cos, la ciudad minorasiática de Cnido (Tekir) contó con una destacada tradición de culto a Afrodita Euploia, la que aplaca los mares y propicia la navegación (V. Pirenne-Delforge 1994). A decir de Pausanias en un pasaje que enlaza la construcción de un templo de Afrodita erigido por Conón en El Pireo con la ciudad de Cnido, atestigua el arraigo del culto a la diosa en la polis caria y afirma que el santuario de la Cnidia era considerado entre los locales como el de Afrodita Euploia (Paus.1.1.3). Es muy probable la presencia del pabellón y su preciado contenido en este último santuario, de emplazamiento aún incierto y seguramente ligado al amplio proceso de monumentalización que experimentó la ciudad solo a partir de mediados del siglo IV a.C. Por estas fechas, todo apunta a una transferencia geográfica de la polis (μετοικισμός), siendo Cnido refundada en el extremo occidental de la península, no lejos del cabo Triopion. En paralelo con la vecina Cos, reubicada en 366/ 365 a.C, tal vez la adquisición de la estatua por parte de la nueva Cnido, como pudo también acontecer con su pendant de Cos, guarde relación con esta transferencia. Cabe preguntarse hasta qué punto Afrodita jugó un papel importante en estas y otras ciudades del SW del Egeo (como antes en Rodas) en tanto que diosa que propicia y protege la reinstalación urbana y el oikismós. Como también sobre el influjo que ejerció la magnificencia e innovación de Halicarnaso, capital de la satrapía caria, en las transformaciones urbanísticas y monumentales que por aquel entonces experimentaron las ciudades de la pentápolis dórica. En muchos aspectos, la metrópolis de los hecatómnidas jugó un papel dinamizador incluso con voluntad identitaria ( P. Hellström 2009), propiciando una suerte de renacimiento artístico que afectó a toda la región. En el ámbito escultórico, baste con recordar que los destacados artistas que trabajaron en el mausoleo de Halicarnaso, incluyendo al propio Praxíteles, recibieron encargos por parte de Cnido, Rodas y Cos (Ch. Bruns-Özgan 2005, Corso 2021). El campo de interacciones culturales entre Caria y el Dodecaneso (el SW del Egeo y de Asia Menor ha sido foco privilegiado de la investigación arqueológica danesa durante más de un siglo), se despliega en un ámbito geográfico donde el mar más que un obstáculo representó un medio eficaz de comunicación e intercambio y ha suscitado muy recientes trabajos colectivos del mayor interés (P. Pedersen, B. Poulsen y J. Lund [Eds] I ( 2021). 

Área de Cnido. Mapa O. Henry

Junto al vector ateniense, en un mundo de múltiples reciprocidades, las Afroditas de Praxíteles en Cnido y Cos también se ubican en la densa trama cultural de la Caria hecatómnida en cuanto a las dependencias y estímulos ejercidos por la satrapía tanto en su territorio como en su esfera de influencia. A decir de Esteban de Bizancio, Praxíteles ejecutó otra estatua de Afrodita para la ciudad fortaleza de Alinda en la Caria interior (más tarde Alejandría de Latmos) que debió ubicarse en un santuario de doble advocación, consagrado a Adonis o bien a Apolo y a la propia diosa. Sería la tercera estatua de Afrodita realizada por el maestro ateniense con destino al ámbito de poder cario, tal vez por encargo de Ada, hermana de Mausolo y última soberana hecatómnida.

         Pese a la abundante información escrita, siempre posterior al tiempo de ejecución y compra de la estatua, el hecho es que se mantienen las incertidumbres sobre la localización topográfica del edículo o pequeño templo originario (el diminutivo naiskos podría resultar relativamente adecuado para designarlo) donde se emplazó la Cnidia. Este último no parece  reconocerse en la thólos con anillo externo de columnas de orden corintio, cella circular y una sola puerta de acceso hallado en las excavaciones de un amplio sector sacro y aterrazado en el extremo noroccidental de la ciudad, dominando visualmente una ensenada portuaria (H. Bankel 2006, Ehrhardt 2011, M. Eckert 2016)). 


Thólos de Cnido. Crepis y restos de otros elementos constructivos. Siglo II a.C. Foto Dick Osseman

Ejecutada en piedra poros y mármol gris azulado. la construcción radial de Cnido data la segunda mitad del siglo II a.C. (R. Örgan 1989,1990, H.Bankel 1997), aunque es posible que el monumento reemplazara a un antecesor. La estrecha y alargada terraza superior, donde destacaba con mucho la estructura radial del edificio, cuenta con altar y varios oikémata, construcciones de menor escala dispuestas en batería y de data también helenística. Se ha considerado la posibilidad de que se trate de un Asclepeion, donde con mucha frecuencia la thólos parece remitir a la dimensión heroica del dios. Pero existen testimonios epigráficos bien consistentes que avalan  cómo el santuario no se consagró a Afrodita ni al dios curador, sino a Atenea: dos inscripciones votivas halladas en la terraza junto al edificio circular consignan el teónimo cario "Athana" (W. Bümel 1992, H. Bankel 1997). 

Cnido. Reconstrucción de los santuarios del extremo occidental desde el SE. Dentro de una composición  aterrazada, en plataformas escalonadas se suceden el posible santuario de Atenea, el de Apolo Carneios y el recinto del templo dórico, de dedicación incierta. H. Bankel 2009.

                En cuanto a la thólos de orden dórico de la Villa de Adriano en Tívoli que probablemente albergó la réplica de la Cnidia hallada en el lugar en 1959, posee ante todo un valor evocador y ambiental. Interesante sin duda la elección de un dórico de tendencia canónica (presente también en una segunda rotonda de la Villa, en la Torre de Roccabruna)  lo que representa un rasgo propio de las tholoi hasta fines del Segundo Clasicismo y confiere a la construcción radial un explícito sentido retrospectivo. De forma reveladora, el  monumento se eleva sobre una crépis, prescindiendo del podium habitual en los edificios circulares de época imperial. Pero tal vez no obedezca tanto al rigor imitativo, pues el orden más asociado a Afrodita ya desde época temprana parece haber sido el jónico. De otra parte, tanto el encuadre del monumento en un pórtico semicircular de arcos sobre columnas como la vigorosa estructura de sostenimiento ejecutada en opus caementicium, nada tienen que ver con la tradición griega. Lejos del purismo clasicista, la visión del sector obedece al gusto ecléctico dominante en la Villa.


Tholos de la Villa de Adriano en Tívoli. S. II d.C.

Más que referencia a un lugar real, la recreación de la Villa Tiburtina constituye una refinada cita de lo que en la cultura literaria y visual romana representaba casi un lugar común: un templete circular dedicado a Venus (G. Ortolani 1998). Por el momento, todo lo más que aporta el pabellón con respecto a los caracteres topográficos y arquitectónicos del monumento originario son potenciales analogías sin certeza alguna. En palabras de S. Montel, "at present, however, neither ancient texts nor the ruins at Knidos or Tivoli allow us to reconstruct the original shelter of the Knidian Aphrodite with any certainty. Perhaps future excavations in Knidos will eventually reveal the location of the sanctuary of Aphrodite Euploia, which may well be in the lower town".

En la polis Cnidia existieron varios recintos consagrados a Afrodita, tanto urbanos como extraurbanos. Casi descartada la posibilidad de que la terraza donde se emplaza la thólos helenística se destinara al culto a Afrodita Cnidia, hoy se barajan otros emplazamientos alternativos para el célebre santuario de la diosa: la gran terraza al norte de la extensa estoa dórica, el área situada junto al templo dórico, al SW del santuario de Apolo Karneios, o bien el sector en torno al recinto sagrado de Dioniso, en la ciudad baja, muy cercano a la costa y dominando los dos puertos (el militar al oeste y el comercial al este) se consideran alternativas plausibles de ubicación (M. Eckert 2016). De extraordinario potencial semántico, el último de estos emplazamientos, en posición litoral, resulta particularmente sugestivo y expresivo en tanto que idóneo lugar de culto a una Afrodita Pontia (del mar) y Euploia, patrona de la navegación, al tiempo que Epilimenia, protectora de las instalaciones portuarias, tanto de las propiamente empóricas como de las del arsenal. Cabe confiar en que futuras intervenciones y estudios arqueológicos, particularmente por parte de  especialistas daneses, alemanes y turcos, terminen por despejar la incógnita topográfica e incluso aportar datos precisos sobre el santuario y la instalación originaria de Afrodita Cnidia: sobre el altar, el lugar expositivo y el pedestal de la estatua, si es que este último no fue íntegramente expoliado junto con la escultura.


Cnido. El islote frente a la ciudad  (Cabo Crio) se une a la península mediante un estrecho istmo que separaba dos puertos, el NW volcado al  Golfo Cerámico y al Egeo, el SE hacia el Mediterráneo Oriental.


 
Cnido. Reconstrucciones digitales tridimensionales.1 Sector sagrado del NW, escalinata y sección de la estoa meridional. 2. Santuarios, puerto militar y sector de las dos estoas helenísticas. Próximo a la meridional y muy cercano a la línea de costa y a los dos puertos pudo emplazarse el santuario de Afrodita Euploia. Fotos Archäologisches Institut, Universidad de Colonia.

                      Como se ha recordado, Pausanias asegura que los cnidios poseían varios santuarios consagrados a la diosa y que el de la Cnidia/Euploia era el más reciente (Paus.1.1.3). Pero se ignora si el lugar donde se emplazó la estatua era un recinto autónomo o bien asociado a otra divinidad, como pudiera ser Apolo Carneios, una epíclesis que asocia al dios con la fecundidad, cuyo culto en Cnido fue más antiguo y sin duda dominante en tanto que dios fundacional e identitario de la ciudad dórica (E. Zingg 2018). Muchas veces los santuarios dedicados a la diosa se sitúan dentro de otros de mayor jerarquía. Pero en realidad se desconoce si en la polis cnidia existieron vínculos entre ambos cultos. En cuanto a la ubicación generalizada de los teména consagrados a Afrodita Euploia, en coherencia con sus competencias marinas, domina el emplazamiento costero y portuario, dentro de un paisaje abiertamente parlante.Al menos durante la época helenística, el jónico parece erigirse en orden preferente en los templos portuarios de pequeña escala dedicados a la diosa eel SW del Egeo, como se consigna en  los próstilos de Kos y Rodas (G. Rocco 2009, M. Eckert 2016).

                        Aparte de la información literaria y numismática, la escultura es conocida a través de múltiples réplicas y versiones estatuarias (en su inmensa mayoría en mármol, material inherente a la Cnidia), de ejecución desigual, en su inmensa mayoría de época romana y con un devenir estrechamente unido a la historia de la restauración. Pocas y frecuentemente tardías son las réplicas helenísticas llegadas a nuestros días, probable fruto del revival que a fines de este periodo experimentó la imagen de la Cnidia, tanto en la escultura monumental como en versiones de pequeño formato (C. Havelock 2008). Lo que en nada eclipsa el extraordinario influjo escultórico que ejerció la estatua praxitélica en la creación de nuevas Afroditas a través de todo el Helenismo (K.E. Seaman 2009).

La presentación romana a través de la variatio

                Dentro de un interesante y complejo fenómeno de recepción que nada tuvo de inerte, en el mundo romano la Cnidia de Praxíteles, erigida en pieza nobilis por excelencia, se imitó con profusión con diversas variantes y adaptaciones. Probablemente buena parte de clientela no estaba tan interesada en la precisión de las copias (un término reductivo e incluso peyorativo para designar esta producción: los romanos no subestimaban las copia de originales griegos, tanto de pinturas como de esculturas, que habitualmente no mencionan como tales) como en el criterio de similitud, en que las estatuas fueran reconocibles en tanto que reproducciones de la célebre imagen (M. Marvin 1993). La presuposición de que la clientela romana prefería "copias rigurosas" de las nobilia opera del arte griego constituye un prejuicio arraigado en la tradición de la Kopienkritik (J. Habetzeder 2012). Cuando la propia expresión "copia romana" debe ser vista como una construcción artificial, producto de los prejuicios modernos y de su fuentes intelectuales (E. K, Gazda 2002). De todos modos, la calidad y precisión, la diligentia en la ejecución de las réplicas (que a su vez pueden inspirarse en versiones o variaciones helenísticas y en su mayoría ejecutadas por artistas de origen griego), debió depender en buena medida del estatus socioeconómico, del interés cultural y de las expectativas artísticas de los comitentes. 

Así, el gusto por las emulaciones innovadoras, por las versiones más libres, concebidas  a modo de contestación y en diálogo con el original, presente y extraordinariamente admirado en aquel tiempo. Mediante variados recursos alternativos, los escultores  parafraseaban y actualizaban la estatua de la Cnidia y le conferían nuevas connotaciones de significado junto con cierta originalidad contemporánea, sin duda apreciada por la clientela (Ch. H. Hallett 2005, 2018). Más que la estricta repetición, la equivalencia y en particular la variación (S. Dillon 1997), que implica repetir y variar a un tiempo, desempeñaron una función importante en la mentalidad artística romana. Hablar de la repetición más o menos exacta de una estatua carece de sentido, puesto que o es exacta o no es tal repetición.

Venus del Delfín. Museo del Prado, Madrid

 Conforme al muy arraigado criterio del decorum, que entraña tanto ornato como adecuación conveniente, antes que el rigor en los aspectos formales y estilísticos de las réplicas se procuraba la afinidad temática de la estatua con un determinado ambiente (M. L. Gualandi 2011). Y las versiones de la Cnidia se destinaron en múltiples ocasiones a ámbitos privados y ajardinados de domus y villae, pocos tan románticamente evocadores del original como la recreación de la Villa de Adriano en Tívoli, auténtico compendio y microcosmos artìstico. También a recintos termales y fuentes, dados los vínculos de la diosa con el medio acuático: en Tívoli la propia thólos adrianea se asociaba a un nymphaeum. El trabajo sumario o menos cuidado que presenta la parte posterior de muchos ejemplares de la estatua parece indicar que frecuentemente se emplazaron en hornacinas propiamente arquitectónicas, conforme a una presentación genuinamente romana que en el ámbito público, en termas, teatros y ninfeos. asocia decorum y magnificentia. Dentro de una puesta en escena del original griego (Ch, H, Hallet 2018) muchas versiones de la estatua praxitélica se presentaban no como piezas autónomas, sino integradas en la multiplicidad figurativa que comporta un programa escultórico en el contexto del ornato monumental.

La gran aceptación de la Cnidia por parte de Roma (tanto en la esfera pública como en la privada) supone un indiscutible índice de prestigio y celebridad así como de reconocimiento de autoridad cultural y artística hacia el original. Una estimación de la que parece haber carecido por completo el Hermes de Olimpia, donde tan insistentemente se ha querido ver la quintaesencia del estilo praxitélico cuando de forma bien reveladora no ha deparado adaptación monumental alguna. Lo que, si bien pudiera obedecer a razones aleatorias, no habla en favor de una particular celebridad.   

Ya en época helenística la Cnidia fue codiciada por el coleccionismo regio, que no logró hacerse con el original. La estatua de Praxíteles permaneció in situ hasta su expolio y transferencia a Constantinopla, donde fue museizada en una suerte de gliptoteca, figurando durante el siglo V d.C. en el Lauseion, complejo palacial en el centro de la ciudad, junto con otras mirabilia  escultóricas del mundo pagano  - muchas de ellas celebérrimas estatuas de culto - que debieron presentarse como conjunto programático presidido por el Zeus Olímpico de Fidias (M. Vickers y E. D. Francis 1992; S Guberti Basset 2000). Probablemente en 475 d.C., la Cnidia pereció en un incendio que seguramente junto con el palacio destruyó buena parte de la variada colección atesorada por Lausos, personaje muy próximo a la corte teodosiana. 

   Durante la última etapa de su larga existencia, la escultura experimentó un drástico y sobrevenido reframing. Se ubicó en la esfera del coleccionismo anticuarista tardo romano y fue objeto de una presentación dentro de un nuevo marco arquitectónico y de un determinado orden figurativo conformado por múltiples y variadas piezas, seguramente interrelacionadas y jerarquizadas, donde la singularidad de la estatua se vería mermada en favor del conjunto expositivo. Con ello, la Cnidia adquirió una última resignificación antigua en la que no pueden excluirse como factores de mediación la hermeneútica alegórica y el pensamiento analógico cristiano.

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martes, 20 de octubre de 2020

Imitatio heroica. Cimón de Atenas y el Teseion


La expedición a Esciro y la resignificación heroica

En el bios de Cimón, Plutarco se recoge como acontecimiento primordial el traslado de los restos del héroe Teseo desde Esciro a Atenas (probablemente hacia 476/5 a.C.), donde fueron recibidos en triunfo y sepultados con los mayores honores.

 La conquista de la isla, habitada por los dólopes, agentes de Jerjes que practicaban la piratería, debió acontecer poco después de la campaña de Eion y se explica por razones de protección y control de las rutas de la ciudad hacia el norte del Egeo, hacia Tracia y el Helesponto. La anexión de Esciro, que pasó a ser posesión de Atenas (Cimón vendió como esclavos a los dólopes e instaló clerucos en la isla) tuvo por cobertura ideológica el cumplimiento de un oráculo délfico: el éxito de la expedición exigía a los atenienses el retorno a la ciudad de los restos de Teseo para ser honrados convenientemente, lo que confería a la campaña el revestimiento de una misión sagrada. 

La recuperación de los vestigios tangibles de los héroes representa en la tradición griega un fenómeno común, a menudo apoyado por  la revelación de un oráculo (Kears 1989, Fragkaki 2015). Pausanias pone en paralelo el retorno a sus respectivas ciudades de origen de las reliquias de Teseo y Orestes, estas últimas trasladadas con anterioridad de Tegea a Esparta siguiendo una prescripción délfica (Paus.3.3.7). El "mito del cuerpo" (Coppola 2008), el rescate de los restos de Teseo y la venganza de su muerte (Paus.1.17.6) sin duda legitimaron con creces ante la ciudadanía ateniense la expedición del hijo de Milcíades a Esciro.
  
Según la leyenda, bien conocida por el propio Plutarco (Thes. 35.5-7; 36.1-2), el antiguo monarca del Ática había muerto en la isla despeñado por el rey Licomedes, celoso o temeroso de su renombre, y allí fue sepultado. Con la inventio (en una doble acepción de hallar e inventar) y la translatio de las reliquias del rey mítico se estrechan los lazos entre Cimón, en tanto que mandatario civilizador y pacificador del Egeo, y Teseo, héroe  a un tiempo naval y "maratoniano" que habría de convertirse en el arquetipo mítico del Filaida, perfilándose de este modo la imagen de Cimón como nuevo Teseo (Podlecki 1971). La figura del monarca legendario, protagonista de la expedición ateniense a Creta, primera campaña naval de Atenas (en un plano imaginario Teseo funda y justifica la hegemonía talasocrática de la ciudad), adquiere el carácter de héroe de la la Liga atico délica (Tausend 1989) y se convierte en icono del poder de la ciudad en el Egeo (Shapiro 1992). Precisamente hacia estas fechas en Atenas se reorganizan los Theseia y el poeta Baquílides compone los Ditirambos consagrados a Teseo (tal vez para conmemorar el retorno de sus restos a Atenas) que dentro de una estrategia alusiva, mostraban referencias sutiles a Cimón y a su génos (Barron 1980, Francis 1990).

Como se consigna en tantos otros pasajes de las vidas griegas de Plutarco, la reacción del demo ante las acciones de sus líderes, sea positiva o reprobatoria, aparece consignada en el texto biográfico. En esta ocasión señala el Queronense que la transferecia a la polis de los huesos del héroe, cuyo descubrimiento en una antigua tumba de Esciro atribuye al propio Cimón con ayuda de una señal divina, "agradó al pueblo más que ninguna otra de sus actuaciones" (Cim.8.6-7). El traslado de aquellas prestigiosas reliquias, tal vez a bordo del trirreme del mandatario, representa un gesto propagandístico de signo político y legitimador de su estrategia naval enlazado  - como una segunda venida - al regreso de Teseo a Atenas tras la campaña cretense.

Una tumba para Teseo

Sin embargo, pese a las indudables analogías entre ambos personajes, en el bíos no se establece un parangón explícito entre Teseo y Cimón. Tampoco hace Plutarco mención directa en la biografía del nuevo Teseion ateniense, recinto que se destinó al culto heroico del legendario monarca del Ática, erigido en símbolo político e ideológico de la Atenas democrática (Calame 1990). En cambio en la Vida de Teseo, que en un plano informativo resulta complementaria de la de Cimón, el célebre sekós aparece citado y localizado en la topografía monumental de la ciudad: los restos del héroe fueron sepultados en el centro del ásty, cerca del gimnasio (Thes. 34.4), con toda seguridad el bien posterior gimnasio helenístico de Ptolomeo (el Ptolemaion), erigido como gesto evergético por un monarca egipcio, seguramente Ptolomeo VI Philométor. La ubicación precisa de este complejo monumental es aún incierta, pero Pausanias lo sitúa fuera del Ágora del Cerámico (la conocida como Ágora Clásica), si bien en sus proximidades (Paus.1.17.2), seguramente al este del Ágora Romana, casi contiguo a la Torre de los Vientos (Korres 2009).
 
                                      En el recorrido del Periegeta desde la plaza pública del Cerámico (solo excepcionalmente la denomina ágora) hasta el Olimpeo, que sigue el entrono norte de la Acrópolis en dirección este para luego dirigirse al sur y sudeste, el Teseion se emplaza cerca del Ptolemaion y seguramente muy próximo a la debatida zona urbana conocida como "Ágora Vieja" ubicada al este de la colina de la Acrópolis y más ceñida a la ladera que la plaza del Cerámico (Dontas 1983, Robertson 1989). De origen remoto, este espacio público ancestral al este de la roca sagrada representaría el centro del sector urbano que probablemente desde época muy antigua se designaba como "la ciudad de Teseo", el Θησεῖον (Marchetti 2017), zona donde la topografía mítica del héroe se proyecta de forma intensa. Muchos siglos después, la célebre inscripción sobre la fachada NW del Arco de Hadriano, orientada hacia la Acrópolis y el actual barrio de Plaka, señalaría su límite (αἵδ’ εἴσ’ Ἀθῆναι Θησέως ἡ πρὶν πόλις)

El Arco de Hadriano, en el acceso al Olimpeo,
representa un monumento orientado y señalizador que separaba dos espacios urbanos, el del pasado y el del presente de la construcción. Desde el pasaje se aprecia lo que fue "la ciudad de Teseo", a los pies de la vertiente oriental de la Acrópolis. Fotos F. Marín


Por su situación y antigüedad, la hoy por hoy conjetural plaza tal vez pudiera identificarse con el "ágora Cecrópica" que menciona el poeta Melancio a propósito de la magnanimidad del pintor Polignoto en un díptico recogidos por Plutarco: " y a sus expensas adornó los templos de  los dioses y el Ágora Cecrópica con la virtud de los semidioses" (Cim.4.7). El elogio de Melancio,  próximo a Cimón, sugiere la existencia de una antigua ágora de impronta heroica y posee todo el valor de un indicio, como también algún pasaje de Tucídides (Th. 2.15), de la Athenaion Politeia (Arist. Ath. 3.5, 15.4) junto con otros testimonios literarios: ya en época helenística, Apolodoro de Atenas asegura la existencia de una archaia ago en un fragmento de problemática interpretación ( Apollod., apud Harp., FGrH 244, F 113),  pero que bien pudiera referirse al Ágora del Cerámico (A. Doronzio 2011). A ello se suma la información que proporcionan los testimonios epigráficos hallados en el sector oriental de la ciudad antigua o procedentes del mismo, alguno de relevancia primordial.

En esta zona de origen presoloniano se emplazaba el antiguo Pritaneo, sede del arconte y  monumento central en la vida institucional de la ciudad, cuyo origen legendario remite precisamente al sinecismo de Teseo. El lugar del Pritaneo (no necesariamente conexo con un ágora entendida como espacio diferenciado y homogéneo), tal vez se reconozca en los restos visibles de un monumento augusteo situado en la Plaza de Agia Aikaterini - muy cercana al monumento corégico de Lisícrates en el barrio de Plaka -  del que se conserva parte de la columnata jónica de un peristilo. De modo que el Pritaneo pudiera haber tenido continuidad de uso en época romana, adecuado a a nuevas estructuras y adaptado a nuevas funciones (G.C.R. Schmalz 2006, Marchetti 2017). Pero existen datos arqueológicos que apuntan en favor de que los restos conservados corresponden a una construcción civil de carácter termal (R. Di Cesare 2009, A. Doronzio 2012)).


Propuesta de emplazamiento del Teseion, el Anakeion y el Pritaneo, al NE y E de la Acrópolis (G.C.R Schmalz 2006)
 
Seguramente cercanos (Pausanias los menciona de forma consecutiva, si bien en capítulos diferentes y sin explicitar una relación de contigüidad) y en estrecha proximidad topográfica al sector presidido por el Pritaneo, figuraban dos importantes heroa directamente implicados en la ideología cimónica y de particular relevancia artística, como al menos se desprende de su decoración pictórica, ejecutada por megalógrafos del mayor prestigio. Además del renombrado Teseion, en esta zona se ubicaba el aristocrático Anakeion, recinto sagrado consagrado a los Dioscuros que Pausanias sitúa a los pies del Aglaureo, santuario dedicado Aglauro, la hija de Cécrops, témenos y quizá heroon asociado a una gran gruta situada en base de la escarpada vertiente oriental de la Acrópolis.


 Gruta de Aglauro en un sector muy escarpado de la Acrópolis. Tal vez el santuario asociado (Aglureo) se dispuso en un espacio aterrazado. Todo la zona a los pies del lado oriental de la roca sagrada presenta un relieve irregular y en pendiente.

A diferencia del Teseion, el Anakeion no tuvo connotaciones funerarias, pero en origen ambos lugares fueron recintos al aire libre y espacios de congregación, tal vez aterrazados, destinados al reclutamiento de la caballería y la infantería, sin olvidar la función de refugio y asilo (Christensen 1984, Valdés 2002), así como el uso iniciático relacionado con el ritual de juramento de la ephebeia, muy arraigado en todo este sector oriental de la ciudad a los pies de la acrópolis y con epicentro en el Aglaureo, donde los efebos prometían su servicio al estado y recibían las armas (Merkelbach 1972).

Ninguno de los dos heroa fue fundado por Cimón: obviamente la veneración a Teseo se remonta a tiempos muy anteriores al traslado de sus reliquias y la polis contaba con varios lugares sagrados asociados al monarca legendario. Como remoto debió ser también el culto a los Tindáridas, héroes de particular relevancia fundacional, protectores de la aristocracia ecuestre y enlazados a través de su hermana Helena a la leyenda de Teseo. Pero los dos ámbitos destinados al culto heroico debieron experimentar una notable transformación monumental bajo el mandato del Filaida y el Teseion, en origen cenotafio, pasó a convertirse en tumba, en el sekós de Teseo, cuyo culto triunfal se vincula al propio triunfo del mandatario. E
n tiempos cimónicos, ambos santuarios adoptarían una cierta complejidad arquitectónica, el Anakeion debido seguramente a las inclinación prolacedemonia del estratego ateniense. Dada su función tradicional de espacios congregacionales hípetros, no se limitarían solamente a un ναός cubierto y aislado; debieron mntenerse como recintos de cierta amplitud y al menos el Anakeion contó con estatuaria sagrada y se hallaba acotado por medio de horoi. La data de la reforma cimónica de ambos santuarios heroicos permanece en la penumbra, aunque es probable que se realizara como la mayor parte del programa monumental tras la gran victoria de Eurimedonte (de fecha controvertida, seguramente entre 467 y 465 a.C.). El botín de guerra arrebatado a los persas supuso la afluencia a la ciudad de cuantiosos recursos que en parte se destinaron a una política edilicia caracterizada por el balance entre el protagonismo del démos, que en última instancia decide sobre lo público y común desde la ekklesía y la boulé, y la evergesía de prestigio aristocrático comprendida en términos de reciprocidad con la polis (D. Bodanno 2009) 


Ángulo  SE de la Acrópolis. La base de la vertiente oriental, en pendiente muy abrupta, aparece dominada por la gruta de Aglauro. Muy próximo y a los pies del santuario consagrado a la hija de Cécrops, paradigma de lealtad patriótica, se hallaría el Anakeion y no lejos, el Teseion. Puede apreciarse el Arco de Hadriano, liminar de la Atenas de Teseo. Foto R. Hannah

Quizá la arraigada presencia del héroe en este sector urbano pudo excluir la depositio de los restos de Teseo al Agora Griega o Ágora del Cerámico, ubicada al NW de la Acrópolis, un espacio cívico religioso particularmente impulsado por el Filaida donde, junto con otros monumentos que incluso sugieren a un proceso de duplicación con respecto al "ágora antigua", se construyó un nuevo prytanikon, presidido por la estructura radial de la novedosa thólos, denominada Skià por su semejanza con un parasol (skiadion).

Hoy por hoy por, la posible reubicación del culto al héroe nacional en Ágora del Cerámico o en sus cercanías inmediatas al NW de la Acrópolis, al otro extremo de la ciudad antigua, tampoco puede desestimarse de forma categórica. Pero la identificación del monumento funerario con el Hefesteo del Colonos Agoraios, basada en el ornato figurativo donde Teseo (junto con Heracles) adquiere gran protagonismo (J. M. Barringer 2009), ha sido excluida desde hace tiempo y por completo. El templo suele considerare emprendido h. 450-449 a, C.,  - una data que coincide con la fecha de la muerte de Cimón durante la campaña de Chipre-  pero existen indicios arqueológicos consistentes sobre un comienzo incluso anterior al ostracismo del estratego (461 a. C.) (R. Di Cesare 2015). En el edificio de nueva planta la doble titularidad  -Hefesto y Atenea - se asocia estrechamente con el mundo de los oficios. Interrumpida la construcción bajo el gobierno de Pericles, el Hefesteo no habría de concluirse hasta el tiempo de la Paz de Nicias.

Ágora del Cerámico. Restos de la thólos y, presidiendo la colina occidental, el Hefesteo
         
 Si bien no faltan otras propuestas de reconocimiento hipotético o bien conjetural (Lamprinoudaki 1983, Schmalz 2006, Marchetti 2017), los restos del recinto consagrado a Teseo - témenos en Tucídides, (Tuc. 6.61) -, no han sido aún identificados. Con ello, y a falta de evidencias materiales, el problema de la ubicación topográfica del lugar y sus implicaciones urbanísticas se mantiene abierto.

Las megalografías del Teseion

Como señala F. Prost en un importante trabajo sobre la megalografía de la Atenas preclásica en tanto que cauce de conocimiento para la historia, Cimón mantuvo una relación estrecha con los grandes artistas parietales de su tiempo - Polignoto de Tasos y Micón de Atenas en particular-  y su voluntad política confiere un elevado grado de coherencia a los programas pictóricos destinados a decorar las construcciones públicas de la ciudad (la Estoa Poikile, el Anakeion, el Teseion). Probablemente las pinturas monumentales no se ejecutaran directamente sobre el muro: debieron ser cuadros sobre tabla que utilizaban como soporte sanides, paneles de madera fijados a las paredes mediante tachuelas.

Es bien conocida la écfrasis que Pausanias dedica a las composiciones murales que decoraban el ἡρῷον de Teseo, inspiradas en la compleja saga del monarca (Paus. 1.17.2-3) y plenas de paralelismos referentes al estratego, victorioso sobre los persas y sus aliados. Como en tantas otras ocasiones, el Periegeta consigna la temática de los episodios representados sin apenas anotación alguna sobre la composición y los rasgos de estilo de lo que contempla.  

              El despliegue figurativo de lo que debió ser el primer gran ciclo pictórico oficial de época cimónica (B. di Cesare 2011), examinado en los años setenta del pasado siglo por J. P. Barron en un memorable artículo, no podría resultar más elocuente en términos alusivos a Cimón. En la primera megalografía que recoge Pausanias en el ἱερόν, el héroe repelía en el Ática la invasión amazónica, con toda probabilidad amazonas ecuestres (Ar. Lys.678-679) que en su insaciable afán de dominio encarnaban la hybris femenina y se asimilaban al Persa. Esta Amazonomaquia local, poseía su pendant en uno de los cuadros de la Estoa Poikile, ejecutados en otro contexto celebrativo de los triunfos de la Atenas cimónica  (Castriota 1992)  y considerado obra de Micón. Sin duda en ambos casos se representaba el episodio del ataque de las amazonas a la Acrópolis y su rechazo por los atenienses, liderados por Teseo. A propósito del tema representado, Pausanias recuerda sucintamente su presencia en el escudo de Atenea Parthénos, así como sobre el escabel del Zeus Olímpico.

En otra pintura, el príncipe luchaba contra los salvajes e incontinentes centauros en las bodas de su amigo Piritoo; Teseo se mostraba tras haber dado muerte a un centauro cuando, como en el frontón occidental del templo de Zeus en Olympia, el resultado del combate era aún indeciso. La conocida confrontación, de amplio espectro simbólico, podría actualizar también en clave mítica el hostigamiento de los piratas dólopes a los mercaderes tesalios, el activo papel de la región en la conquista de Sciro y en términos generales la política protesalia de Cimón (Plut. Cim. 8.3). 

En su juventud Teseo, héroe de doble paternidad,  liberó Atenas de su sometimiento a Creta  y en un tercer mural, el que más interesa a Pausanias, que lo atribuye a Micón (tal vez autor de todo el ciclo), se mostraba desleído el episodio del príncipe recuperando el  anillo que Minos con arrogancia había lanzado al mar, retando a Teseo a recuperarlo de los dominios paternos. Es posible que la escena fuera en parte submarina y que en ella se mostrara como protectora Anfitrite, esposa de Posidón, reportando a príncipe una corona de oro en señal de triunfo, episodio que aparece en algunas cerámicas áticas de la primera mitad del siglo V a.C. Sin embargo dentro del ciclo de Teseo no se trata de una escena frecuente en los vasos historiados. Con referencia a la actualidad, debió representar una inequívoca alegoría legitimadora de la hegemonía ateniense sobre el mar (B. di Cesare 2011). 

Más interpretativo que descriptivo, considerando oscura e incompleta la acción representada, el Periegeta confronta el tercer cuadro con sus indagaciones y en su afán de aportar una información complementaria ante temas menos conocidos o polémicos, añade un amplio lógos sobre el episodio mítico, seguido de otras consideraciones sobre el futuro y la muerte del héroe.   
          
La mencionada digresión de Pausanias, que va más allá del episodio representado, tal vez se conpulse con otra composición del ciclo pictórico que le provoca escepticismo: es posible que en el Teseion figurara una cuarta pintura mural, con la cautividad de Teseo en el Hades, donde se vio retenido junto con Piritoo por su intención de arrebatar a Perséfone y de donde sería liberado por Heracles. Pausanias viene a dar una versión más histórica  y plausible de la leyenda, como antes lo había hecho Plutarco. La posibilidad de esta cuarta representación, concerniente a un forzado descensus ad inferos del héroe, ha dado lugar a un largo debate ya iniciado a mediados del siglo XIX (Brunn 1857-1859) donde se ve implicada la agrupación de dioses y héroes representada en la célebre crátera de Orvieto, pieza magistral del Pintor de los Nióbides (Museo del Louvre, París). Una obra considerada de inspiración polignótica y quizás relacionada con la Nekyia que el megalógrafo tasio ejecutó en la Leschè de los Cnidios de Delfos tras el gran triunfo de Atenas y sus aliados sobre los persas en la desembocadura del río Eurimedonte en Panfilia. No obstante, la proyección de los murales de Polignoto en Delfos se revela muy limitada en  la pintura y la cerámica ática de aquel tiempo, con la excepción de la Iloupérsis que el maestro tasio ejecutó para la Poikile, una probable acotación del gran mural de la Leschè de los Cnidios, repensada en clave local. Como sugiere M. Stanbury-O'Donnel, esta situación pudiera apuntar a que los ceramógrafos se mostraron  mucho más proclives adecuar a sus procedimientos la decoración de los monumentos públicos de Atenas que la de aquellos ajenos a la ciudad, incluso a pesar de su renombre. 

 
A diferencia de los murales de la estoa variopinta donde se utilizó como soporte la madera, el Teseion fue decorado con un ciclo pictórico exclusivamente mitológico y consagrado por entero al héroe, que en todos los episodios debió ocupar una posición prominente. Es muy probable que los personajes representados en el monumento, como en el resto de los programas murales, fueran acompañados de inscripciones onomásticas, algunas quizá alusivas al presente o bien al pasado reciente (Castriota 1992). En contraste con a la Poikile, no existe indicio alguno de retratos, ni explícitos ni soterrados. 
Since vase
painters
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seem to
have been
influenced
by
monumental
painting
and
sculpture
during
the
fifth
century,
this
situation
would
suggest
that
Athenian
potters
and
painters
were most
affected
by
the
highly
public
mon-
uments
of
Athens
itself,
and not so
so much
by
art
outside
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Durante el mandato de Cimón, Teseo y sus hazañas se convierten en tema privilegiado de la cerámica ática de figuras rojas, quedando en cambio el ciclo de Heracles un tanto relegado. Si los célebres murales de Polignoto en Delfos no parecen haber ejercido gran atracción por parte de la clientela de los vasos historiados, en cambio múltiples vasijas áticas reproducen las proezas del héroe (obviamente, no solo las representadas en el Teseion) y en algunas es bien probable la adopción selectiva de los temas, composiciones y estilos de los murales que decoraban el sekós de Teseo, si bien en versiones libres que no excluyen variantes iconográficas (en particular, las Amazonomaquias) pero sugieren analogías. De otra parte, la pintura vascular obedece a otros códigos de convenciones condicionados por el formato, la adaptación a una superficie convexa de las vasijas y la propia restricción cromática de la técnica de figuras rojas. Sobre estas posibles transferencias de los murales del Teseion a un soporte bien distinto y mediante unos procedimientos más artesanales, a título de ejemplo cabe recordar la conocida crátera de volutas del Metropolitan Museum od Art  (Nueva York) atribuida al Pintor de los Sátiros Lanudos: en el cuello de la vasija, a pequeña escala, en estilo casi miniaturístico, se reproduce el combate entre lapitas y centauros, ocupando Teseo el centro de la composición, portando un hacha como en el frontón de Olympia. El combate también se muestra aún indeciso, pero no aparece ningún centauro muerto, tema de otra parte insólito aunque no excepcional en la pintura vascular (K. Kopanias 2006). En la panza, y en un estilo monumental que evoca la megalografía, una Amazonomaquia donde las intrépidas jinetes atacan con lanza a combatientes griegos. La pintura oficial de Atenas tuvo una proyección mediatizada en la cerámica historiada de aquel tiempo, destinada a un consumo privado y aristocrático pero copartícipe de la nueva y selectiva puesta en valor del relato heroico.

Crátera ática de volutas atribuida al Pintor de los Sátiros Lanudos (h.460-450 a.C.). Metropolitan Museum of Art, Nueva York



Crátera ática de volutas procedente de Gela (Sicilia). Pintor de los Nióbides (h. 470-460 a.C.) Museo Arqueológico Regional, Agrigento.
De nuevo, la crátera monumental asocia  las dos escenas, Amazonomaquia y Centauromaquia, que gozan de gran aceptación en la pintura vascular ática del segundo cuarto del siglo V a.C., en particular el combate entre atenienses y amazonas. En la vasija, los acontecimientos se superponen con distintos formatos y diferentes versiones de los episodios representados, Las memorias míticas plurales que recogen las imágenes sugieren similitudes con las pinturas del Teseion, pero muestran también variación y diversidad (baste con comparar las Centauromaquias de las cráteras de Agrigento y Nueva York: lucha en el festín nupcial versus combate de ambientación agreste) e incluso cierta ambigüedad visual: ¿a qué Amazonomaquia remiten ambas cráteras? El Pintor de los Nióbides realizó numerosas versiones de la confrontación heroica entre griegos y amazonas, no siempre protagonizadas por Teseo.

Prefiguración, analogía e instrumentalización
 
De otra parte, el gobierno ejemplar de Teseo en la ciudad se había caracterizado por la moderación y el espíritu democrático. Las hazañas heroicas y las virtudes cívicas se unían en la imagen del monarca, cuya presencia en la pintura vascular ateniense del periodo protoclásico resulta bien destacada en detrimento de la anterior prevalencia de Heracles; a ello no debió ser ajena la instrumentalización y resignificación del personaje mítico por parte de Cimón y su círculo, interesados en crear todo un mundo de analogías entre el héroe y el estratego.

      Aparte de las connotaciones heroicas, triunfales y conmemorativas, la tumba de Teseo también suscita otras asociaciones con Cimón. Conforme a la tradición literaria, como se ha indicado, probablemente ya desde sus orígenes el Teseion desempeñó también funciones de refugio, de ásylon para esclavos y oprimidos (en sus proximidades se erigía el altar de Eleos, la Piedad); esta faceta del santuario aparece recogida por Plutarco en la Vida de Teseo, donde señala cómo el héroe se había erigido en protector y defensor de los débiles. La correspondencia con la filantropía casi principesca que en la biografía de Cimón muestra el mandatario hacia los necesitados se hace evidente. La imitatio heroica, amén de un proceso de prefiguración, conlleva la puesta en valor de una selección de variadas cualidades (R.von den Hoff  et alt. 2018,) actualizadas e instrumentalizadas en el contexto social y político del presente.

    Plutarco indica la centralidad del monumento en la topografía urbana, algo habitual en la ciudad griega, que tantas veces se generó a partir de un santuario que albergaba un herôon con carácter de tumba, relicario o bien cenotafio consagrado a un héroe local, a menudo venerado como fundador. En la ideología funeraria de la polis la inhumación intramuros -incluso en el mismo centro ciudadano- representa un privilegio reservado a los héroes y monarcas heroizados. Dentro de la Acrópolis ateniense, en el Cecropion, a los pies de la Tribuna de las Cariátides del Erecteo, es bien conocida la presencia de cultos ctónicos y funerarios consagrados a otros reyes legendarios del Ática.     
                                                                                                                                                                                                               Objeto de actualidad y resignificación y dado su potencial propagandístico en la reescritura del pasado, los restos de Teseo no fueron sepultados junto a los de sus ancestros en la por entonces maltrecha y residual Acrópolis, destruida y profanada por los persas tras la invasión del Ática (480-479 a.C.) y cuyas ruinas  parcialmente restauradas y reutilizadas  (F. Marín 2008), fueron tematizadas en tiempos cimónicos, convertidas en memorial de Tà Mediká, -  con ello, en evidente testimonio de la violencia e impiedad del bárbaro -, adquiriendo plenos valores de 

μνῆμα.


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