viernes, 8 de noviembre de 2019

Dodonaios. Dodona y la Grecia suritálica en el MArRC

Toda mostra donde se exponen elementos culturales de relieve sobre una determinada civilización, representa una excelente oportunidad para actualizar y repensar el pasado, tanto por parte de los especialistas como, lo que seguramente sea más relevante, por parte del público interesado que, en tanto que destinatario y usuario, representa el gran copartícipe y da sentido a cualquier proyecto de estas características.

La exposición que la pasada primavera ha tenido lugar en el Museo Arqueológico Nacional de Reggio Calabria (MArRC), en el antiguo territorio de la Magna Grecia, merece como mínimo una breve anotación en tanto que destacado acontecimiento de actualidad que atañe al patrimonio cultural clásico y helenístico.

La muestra temporal del (MArRC) llevaba por título Dodonaios. L'oraculo di Zeus e la Magna Grecia. El enunciado condensa a la perfección el objetivo del proyecto, centrado en el célebre santuario oracular de  Zeus en Dodona - ubicado en el Epiro interior, a los pies de las cumbres del monte Tómaros -, y en sus relaciones con las ciudades de la Grecia itálica (Magna Grecia y Sicilia), dos mundos en continua interrelación y, dada la extensión territorial que llegó a alcanzar el gran Epiro helenístico, separados por dos mares, el Jónico y el Adriático. La exposición, de carácter internacional, no hubiera sido posible sin la estrecha colaboración científica e institucional entre el MArRC, el Museo Arqueológico de Ioannina (Epiro) y el Departamento de Ciencias del Patrimonio Cultural de la Universidad de Salerno.



 La dimensión mántica del santuario de Dodona ocupó en la muestra el amplio espacio cultural que le corresponde, bien recogido en el catálogo. En este ámbito oracular,  destacan por su cantidad y relevancia  las laminillas de los consultantes. halladas en el santuario de Zeus Dodoneo, donde las preguntas de los fieles se realizaban de forma escrita, lo que representa una excepcionalidad en el mundo griego. Hasta el momento, en las excavaciones del sector oracular del santuario han aparecido unas 1700 laminillas ejecutadas en plomo (algunas en bronce) que llevan inscritas preguntas de los consultantes (muchos de ellos de procedencia suritálica), relativas a la vida privada y al ámbito cotidiano, con una notable concentración cronológica en los siglos IV y III a .C., tiempo de apogeo del santuario (L. Vecchio). Forman parte del complejo sistema semiológico del oráculo de Dodona, al tiempo verbal y no verbal (P. Pocceti), y sin duda los ejemplares expuestos gozaron de particular protagonismo en la muestra.

Laminilla oracular de Dodona



Recinto de Zeus Dodoneo. Dodona

Tras la presentación e introducción (Malacrino, Soueref y Vecchio) el catálogo se inicia desde una óptica patrimonial, con una colaboración sobre  el  descubrimiento y la puesta en valor de Dodona (K. I. Soueref). Desde el punto de vista historico artístico, especial relevancia poseen las primeras secciones, dedicadas a las fuentes literarias (L. Vecchio) y en particular a la topografía monumental del santuario federal en su conjunto  (K. I Soueref), y del sitio sagrado (C. Malacrino). Dada su extraordinaria prominencia monumental, se echa un poco en falta un apartado que tratara el teatro de Dodona de forma específica y en sus vínculos con otros teatros helenísticos del Epiro y del Sur de Italia.

Teatro de Dodona. Muros y torres de refuerzo del koilon

 Pero también se incluyen muchos otras colaboraciones que atañen a la Historia del Arte, y no precisamente de forma tangencial. Como la dedicada a la función de los hiera dendra , árboles y bosques en los santuarios oraculares del mundo griego, en general tan habituales en el paisaje sagrado de la Grecia clásica y Helenística (D. Costanzo) , a las prácticas adivinatorias en la Italia Meridional y Sicilia (M. Cipriani) o la arquitectura templaria del Epiro (L. Mancini). A ello cabe añadir el estudio de perfil urbanístico sobre el reino y sus ciudades (F. Longo), a caballo entre los actuales estados de Grecia y Albania. En paralelo, la síntesesis sobre las ciudades itálicas (E. Greco). El cuadro histórico y arqueológico del Epiro tiene también su espacio (K. I. Soueref), así como la síntesis sobre los templos de los santuarios epirotas (L.Mancini) También la documentación arqueológica, aportación lógicamente sumaria, pero de relevante valor histórico artístico en algunas matizaciones de la red relacional (A. Pontrandolfo). Finalmente, un muy acertado estudio independiente  de las acuñaciones de Pirro en la Magna Grecia y Sicilia (D. Castrizio), piezas a menudo de gran calidad y documentos numismáticos  de extraordinario valor histórico e iconográfico, en las que figuran reiteradas alusiones figurativas al santuario de Dodona, con una destacada presencia de Zeus junto con otras divinidades dodoneas asociadas al dios oracular. Pero también del roble, el águila, el rayo o el trípode. 


     Estatero áureo. Tarento

      Completa la publicación la labor catalográfica, más o menos detallada, de las obras presentes en la muestra, en buena parte procedentes de las excavaciones de Dodona y custodiadas en del Museo Arqueológico de Ioannina, junto con piezas del sur de Italia, convergentes o alusivas, de los fondos del MArRC, ejecutadas en piedra, metal o arcilla. También cabe mencionar los calcos en yeso que facilitó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) de los retratos hermaicos de Alejandro el Moloso y Pirro, grandes  soberanos del reino del Epiro, provenientes de la Villa de los Papiros en Herculano. 

Cada colaboración incluye bibliografía específica y abreviada, cerrándose el catálogo con una exhaustiva relación de títulos.

                   Una exposición temporal siempre supone un acontecimiento efímero, mas los correspondientes catálogos permanecen. Estos últimos, sobre todo cuando en su contenido logran el difícil equilibrio entre labor científica y divulgación culta,  representan herramientas de conocimiento duraderas y accesibles a cuantos muestran interés hacia la temática que dio sentido a la agrupación de lo expuesto, a su vez estudiado e inventariado en una publicación monográfica que deja memoria permanente de la muestra.

Las estrategias comunicativas, tanto de la exposición como del catálogo Dodonaioshan sido bien acertadas. Porque el rigor de la escritura fue acompañado de una esmerada y bien estructurada presentación de los contenidos temáticos. Por demás, mostrados en el nuevo marco arquitectónico del destacado museo calabrés, hoy convertido en museo del siglo XXI de austera y espaciosa modernidad.



https://www.facebook.com/Zerottonove/videos/417898722352595/ (vídeo de presentación de la Exposición)


Con fines de difusión de la muestra, se creó una página web específica, un tanto escueta, de carácter cartográfico e interpetativo.

https://www.oracledodona.it


MArRC

martes, 5 de noviembre de 2019

Hipodamo de Mileto. Teoria del estado y teoría del urbanismo. Ideario y realizaciones





         Entre los grandes creadores e innovadores de la Antigüedad clásica, pocos han suscitado tanto debate y tantas interpretaciones - a menudo  confrontadas-, como el urbanista Hipodamo de Mileto. Pudiera decirse que incluso se han creado lugares comunes en torno al que fue a un tiempo teórico de la formas de gobierno y teórico de la planificación funcional de la ciudad griega entendida en términos estrictamente espaciales. 
Lugares a menudo comúnmente aceptados pese a poseer escasa consistencia. Sobre la figura de Hipodamo gravita todo un mundo de opiniones y juicios que obedecen más  bien al terreno de la δόξα (en su doble acepción de opinión y en particular de conjetura). En este sentido, la percepción contemporánea del urbanista sería comparable a la que se posee sobre el escultor Policleto de Argos, cuya teoría y realizaciones continúan siendo objeto de permanente especulación conjetural. Especulaciones sin duda a menudo sugestivas, pero que suelen generar versiones textuales imprecisas, escasamente fundamentadas en la objetividad de conocimiento - en rigor, bien limitada- que se posee sobre el gran broncista clásico.

Más allá de la información textual, poco puede afirmarse con entera certeza sobre la aportación de Hipodamo a la historia del urbanismo. Y existen textualidades y textualidades. No todas las fuentes poseen el mismo grado de credibilidad histórica y algunas en realidad no remiten directamente a Hipodamo, sino a su proyección en el diseño urbano en época tardo clásica  y durante el período helenístico. Otras, bien tardías, como la Antología de Stobaios, parecen reinventar el pensamiento del milesio, ubicándolo en corrientes pitagóricas a las que el urbanista parece haberse mostrado ajeno. Expresiones tales como "ágora hipodámica" no aparecen consignadas hasta mucho después de la actividad de Hipodamo.

          El primer problema que se afronta al contemplar la figura del urbanista milesio radica en la propia ubicación histórica. Hoy en día su actividad tiende a situarse en torno a mediados del siglo V a.C; si se prefiere, en el tercer cuarto de la centuria, tiempo de pleno liderazgo ateniense. Con lo que el protagonismo que en parte inducido por su origen se le atribuye en la reconstrucción de Mileto, arrasada por los persas durante la revuelta jonia de 499-494 a.C. y redificada en 476 a.C., resultaría improbable por razones cronológicas. Del mismo modo, y aceptando para Hipodamo una 
acmé en tiempos pericleos, la noticia de Estrabón de que la planificación urbana de Rodas (fundada en 408 a.C.) fue ejecutada "por el mismo arquitecto de El Pireo" (14.2.9), parece improbable por lo tardía. De haber participado en ambas planificaciones (Mileto y Rodas),  tendría que presuponerse en el urbanista una actividad de más de setenta años.

     En torno a la problemática figura de Hipodamo, la fuente fidedigna por excelencia la representa la Política de Aristóteles. En ella el filósofo se muestra incomparablemente más interesado por la teoría política que por la práctica urbanística de Hipodamo. No es de extrañar, pues buena parte del tratado aristotélico se centra en el análisis de las múltiples teorías y formas de gobierno, en las modalidades de constitución política que existieron en el mundo griego. La mayoría de las consideraciones aristotélicas sobre Hipodamo se refieren a su dimensión en tanto que planificador teórico del Estado, no a su cualidad de Städteplaner.
En el Libro II, a propósito del régimen político propugnado por Hipodamo, quien según Aristóteles "fue el primero que, sin ser político, intentó hablar del régimen mejor", el Estagirita inicia la exposición del orden ciudadano propugnado por el milesio señalando cómo Hipodamo, hijo de Eurifonte de Mileto, había sido el inventor de la división, de las ciudades y el responsable del trazado de El Pireo. En esta sección introductoria y preliminar, Aristóteles, que muestra escasa simpatía hacia el personaje,  recoge de forma inusual algunos rasgos referentes a la apariencia y caracterización de Hipodamo, y lo sitúa en la esfera de un determinado pensamiento filosófico, en la tradición jonia de la ciencia de la naturaleza, señalando “su pretensión de ser entendido en la naturaleza entera”.
                             En estos pasajes preliminares  aparecen dos cuestiones claves concernientes respectivamente a la teoría y a la práctica del urbanismo.  En primer lugar, la imagen de Hipodamo como inventor, como πρῶτος εὑρετής en el ámbito de una téchne específica, la διαίρεσις urbana. Este último término entraña separación o división, lo que hoy se entendería en el ámbito urbanístico como una determinada forma de zonificación de la ciudad. Aristóteles en ningún momento asocia tal división con la ortogonalidad como tal, del mismo modo que tampoco se refiere a Hipodamo como arquitecto o lo vincula con la experiencia arquitectónica, sino con una determinada técnica divisoria concerniente a la planificación sectorial de la pólis, cuya finalidad y procedimiento tampoco deja explícito. 



De no añadir en este pasaje que Hipodamo se encargó del trazado de El Pireo, no podría ni tan siquiera  asegurarse a qué ámbito de división urbana se refiere el autor,  e incluso sobre entenderse que Aristóteles tiene in mente el modelo constitucional que defendía Hipodamo y que entrañaba una partición o distribución  espacial de la pólis – se diría que ante todo de la chóra  - conforme a criterios de carácter político y económico, no propiamente  urbanísticos. Entre la naturaleza de la teoría política del Estado que mantenía Hipodamo, basada en la estricta separación de grupos sociales y privilegios, y la planificación urbanística de El Pireo, enclave urbano de la pólis ateniense, no parece existir gran congruencia. En la versión de Aristóteles, nada indica que el proyecto Hipodamo se concibiera como expresión o realización de su concepción ideal de la pólis. En principio, la relación entre teoría de la ciudad  y práctica urbanística en el milesio no resultaría comparable con la experiencia policlética en el campo de la escultura.

                                                                                    Planta de El Pireo

En la urbanización del núcleo portuario, Hipodamo no partió ni mucho menos de la nada. El Pireo ya había sido creado en tiempos de Temístocles, destinado a la flota y a los arsenales de Atenas, y nada hace pensar en una refundación urbanística de la ciudad portuaria; más bien debió tratarse de una intervención sectorial orientada a la ampliación del creciente  núcleo urbano conforme a un nuevo trazado más funcional y regular. Una regularidad que obviamente, como en toda ciudad griega, se supeditó a los caracteres topográficos y se revela por tanto como selectiva. En El Pireo la actuación de Hipodamo difícilmente podría haber afectado a las colinas de Acté y Muniquia.
Como recordaba Cicerón, antes de Homero hubo muchos otros poetas. Y de hecho, Hipodamo no fue el ocurrente inventor de la planta regular en damero o en parrilla: tal vez en  mayor o menor interacción con el urbanismo de las ciudades y emporios fenicios, en el mundo colonial griego de Occidente, tanto en Sicilia como en la Magna Grecia, hubo un largo período de experimentación y desarrollo en la planificación de la ciudad regular y sectorial, cuyo origen se remonta al menos al s. VII a. C. y que se intensificó en el transcurso del VI, cuando se acrecentaron los replanteamientos y transformaciones urbanísticas orientadas a la racionalización espacial (en esta última centuria, Megara Hyblaea, Akragas, Metaponto y  Poseidonia representan excelentes ejemplos). Con relación a la división sectorial del territorio en tres partes (sagrada, pública y privada)  que señala Aristóteles como uno de los principios del régimen político propugnado por Hipodamo, supone casi un lugar común en estas fundaciones coloniales o de origen colonial.

Planta de Naxos. Sicilia. MERTENS (2010)












Planta de Metaponto. Apulia. CERCHIAI, JANNELLI y LONGGO (2001)


Frente a las ciudades históricas, de crecimiento agregacional y acumulativo, la creación ex nihilo de entidades coloniales propició el trazado regular y de tendencia ortogonal  de los núcleos urbanos, adaptado con flexibilidad: en el trazado longitudinal de las arterias principales a veces prima la oblicuidad sobre la ortogonalidad, como en Mégara Hiblea. En muchos casos, el diseño de las fundaciones coloniales experimentó reformas durante el Arcaísmo Maduro, orientadas a la disposición en damero o parrilla y a una nítida división sectorial que definía la diversidad de funciones. En este aspecto, Hipodamo, hermeneuta de lo preexistente, debió realizar una estricta sistematización de múltiples experiencias previas, concernientes a la adecuación a la norma (entendida como buen orden) y a la funcionalidad del espacio urbano.

Planta de Mégara Hiblea. Sicilia. TREZINY y BROISE (2004)

La planta regular de Hipodamo, se fundamentaba en la ciencia de las paralelas; se caracterizaba por las amplias y espaciadas avenidas arteriales (platéiai) y un gran número de calles más estrechas (stenopoi) de trazado uniforme y ortogonal que se cortan en ángulo recto y dan lugar a insulae o bloques regulares de viviendas modulares de tamaño similar. A menudo, particularmente en la historiografía alemana, se ha considerado este modelo de trazado en damero como paradigma y  expresión urbanística de la polis democrática e igualitaria, casi se diría que concebida sin jerarquización social. Más bien parece que la planificación hipodámica, que Aristóteles en ningún momento relaciona con un orden democrático, tuvo un carácter neutro desde el punto de vista político, acomodándose en su funcionalidad tanto a la ciudad tiránica como a la oligárquica o a la democrática, válida para cualquier  forma de constitución.  
En un pasaje del Libro VII de Política, que no se ocupa directamente de la democracia ni versa sobre las formas de gobierno, el Estagirita vuelve a referirse al trazado hipodámico como una nuevo y moderno ejercicio de planificación que contrasta abiertamente con lo anterior. Aristóteles, que en ningún momento elogia la teoría política de Hipodamo – más bien la cuestiona abiertamente- , muestra objeciones ante el nuevo diseño urbano desde un punto de vista tan primordial como la aspháleia, la seguridad de la ciudad. Si bien reconoce que la disposición (διάθεσις) de las viviendas particulares si están bien trazadas en sus calles y “según el gusto más moderno, al modo de Hipodamo” se considera más agradable y más útil (es decir, más funcional) para las diversas actividades, representa en cambio un punto débil ante la guerra y la invasión. Al respecto señala Aristóteles  que la ciudad antigua (la ciudad hístórica, de hábitat más compacto, intrincado e irregular, en ocasiones incluso sectorialmente amurallado), hacía más difícil la retirada de las tropas invasoras, que no hallaban con facilidad el camino de salida.

 Por ello, y como en tantas otras ocasiones, Aristóteles se muestra proclive al término medio: la ciudad debe participar de ambos sistemas, evitando un trazado regular de todo el conjunto. La regularidad debe restringirse a algunos sectores y lugares urbanos, de modo que la belleza no comprometa la seguridad. En este punto el filósofo no deja de reflexionar desde la plena razón: una vez rebasado el cinturón defensivo, ciudades de un diseño tan uniforme, tan claro y regular como Priene, resultaban inapropiadas frente a la defensa y facilitaban la retirada, la huida forzada del invasor. Tal vez Aristóteles tuviera un referente ejemplar en ciudades como la calcídica Olinto, cuyo nuevo y amplio trazado de tipo hipodámico convivió con el sector antiguo, de composición acumulativa.












Planta de Olinto. Calcídica














     
           
Una cuestión del mayor interés con relación a la praxis urbanística de Hipodamo la representa el más que probable protagonismo en el diseño de la colonia “panelénica” de Turios, en realidad una ambiciosa empresa periclea de largo alcance y, por tanto proyecto ateniense. La ciudad se creó en 444/443 a. C., muy próxima a Sybaris, en el Golfo de Tarento. Con el fin de conferirle prestigio y realce, a la fundación de Turios concurrieron destacados miembros de la intelligentsia ateniense. El trazado estrictamente regular de esta ciudad de nueva planta sin duda parece apuntar también a la presencia de Hipodamo de Mileto y a su protagonismo en el diseño urbano. Se trata de una colonia de proporciones casi cuadradas en la que se ha confirmado la presencia de las siete plateíai que menciona Diodoro de Sicilia; cuatro la recorren de norte a sur, las otras tres de este a oeste y los principios de estricta regularidad se muestran con sofisticada precisión. Se diría que se trata de la materialización por excelencia de los principios urbanísticos de Hipodamo. En particular, los investigadores italianos han puesto de relieve algunas cuestiones muy relevantes sobre Turios con relación a Hipodamo. Considerando la limitada evidencia arqueológica de época clásica tanto en El Pireo como en Rodas, la fundación colonial representa un campo privilegiado para el estudio de la planificación hipodámica. Como señala E. Greco, habiendo sido abandonada ya durante la antigüedad tardía, en Turios no hubo continuidad de poblamiento: "el lugar pudiera constituir la única ciudad planificada por Hipodamo cuya investigación no requiere la (imposible) demolición de construcciones modernas".
Volviendo a la comparación con Policleto, tal vez la fundación colonial haya representado la realización plena e íntegral de la teoría de la ciudad en Hipodamo de Mileto, a modo de ciudad canónica donde el urbanista pudo materializar de forma plena sus reflexiones teóricas, seguramente redactadas en algún escrito que no ha llegado al presente. Este último, incluso pudo formar parte de su trabajo de teoría constitucional, si bien Aristóteles nada dice al respecto.
    
Finalmente cabe añadir que, al margen de su teoría del estado, la aceptación de la formulación urbanística en Hipodamo fue extraordinaria, como lo demuestra de forma palmaria la proyección posterior. Una irradiación que fue obra de discípulos, seguidores e imitadores, creadores de múltiples versiones y derivaciones, desde la ciudad en damero de radical y casi monótona uniformidad a la composición más libre y pintoresca en terrazas o plataformas  De hecho el urbanismo helenístico, tanto en la conformación de ciudades de nueva planta como en las intervenciones sectoriales realizadas en las históricas, sería impensable sin este gran referente.  En términos generales, la  eunomia, el buen orden, el afán de coherencia, regularidad y normalización de la ciudad helenística, hunde sus raíces en la inventiva de Hipodamo de Mileto. Una inventiva que, más allá del descubrimiento o hallazgo individual, debe contemplarse en compleja y dialéctica relación con el criterio evolutivo y los fenómenos de convergencia.









Planta de Turios.
Foto de E. GRECO

  


















BIBLIOGRAFÍA

MARTIN (1956, 1974)

CASTAGNOLI (1956)
WYCHERLEY (1964)
ASHERI (1975)
BURNS (1976)
SZIDAT (1980)
BENVENUTI FALCIAI (1982)
GRECO Y TORELLI (1983)
TIEBEL-SCHUBERT y MUSS (1983)
RHODES (1985)
GARCÍA VALDÉS (1988)
GEHRKE (1989)
HOEPFNER (1989)
HOEPFNER y SCHWANDNER (1994)
LONGO (1996, 2007))
GRECO (1997, 1999, 2000, 2007, 2009, 2019)
KONSTANTINOPOULOS (1998)
LO SANTO (1999)
STEINHAUER  (2000, 2007)
CAHILL (2002)
RAECK (2005)
GILL (2006)
SHIPLEY (2005)
CURSARU (2006)
ZENZEN (2014)





jueves, 10 de octubre de 2019

Una documentada anastilosis: el Tesoro de los Atenienses en Delfos


A partir de disjecta membra, sillares, framentos de molduras y otros elementos arquitectónicos desgajados y dispersos, pacientemente identificados y reunidos, el Tesoro de los Atenienses fue reelevado entre 1903 y 1906. La  anastilosis contó con los muy abundantes restos que las excavaciones arqueológicas francesas, bajo la supervisión de Th. Homolle, por entonces Director de la École Française d’ Athènes, sacaron a la luz entre 1888 y 1896, en el transcurso de la "gran excavación" del santuario. El año 1893 representó una fecha clave en el hallazgo y reconocimiento de los vestigios materiales del tesoro
De data bien controvertida, el pequeño monumento, que contó con un predecesor in situ, debió ofrendarse poco después de 490 a.C. por la ciudad de Atenas al santuario de Apolo en Delfos para conmemorar la victoria hoplítica de Maratón. Pero seguramente también para poner en valor en el santuario federal las recientes transformaciones políticas acontecidas en la Atenas clisténica, a las que pudiera aludir el ciclo de metopas historiadas.
 Se trata del ejemplo más antiguo de un tesoro dórico ejecutado totalmente en mármol, el único del santuario que utiliza exclusivamente mármol de Paros, isla medizante, lo que, más allá de las condiciones materiales de la fábrica, pudiera obedecer a un trasfondo político e ideológico. También de un edificio excepcional en su decoración plástica, al presentar todas las metopas del friso talladas en los cuatro lados del monumento, como luego habría de acontecer en el Partenón. Sin mostrar el lujo decorativo del tesoro jónico de Sifnos, que lo precedió en el recinto sagrado, representó sin duda un monumento de ostentación, destinado a exaltar en el santuario panhelénico los valores cívicos y triunfales de Atenas.

La reedificación obedeció a la iniciativa de la Escuela Francesa de Atenas, siendo el responsable de la reconstrucción el arquitecto  M. J. Replat, que contó con la colaboración y el asesoramiento de G. Colin,  A.Tournaire, Th. Homolle, E. Bourguet (quien había identificado el monumento, recogido y documentado por Pausanias) y también del controvertido ingeniero y restaurador griego M. N. Balanos. La ejecución del proyecto se realizó gracias a la generosa financiación del Ayuntamiento de Atenas.
        
              Realizada a partir del concienzudo análisis de la documentación arqueológica, la metodología prestó una particular y pormenorizada atención hacia todos y cada uno de los fragmentos que aparecieron. También se caracterizó por una particular atención hacia las peculiaridades que presentaban tanto la fábrica como el orden y el estilo. No se pretendió la recreación de un arquetipo, sino la restitución de un edificio individual, en toda su singularidad, caracterizado por una compleja síntesis de evolución y conservadurismo. La reconstrucción de comienzos del siglo XX no pretendió la reinvención el monumento, ni la creación de una réplica integral a partir de cánones estilísticos preestablecidos y de fórmulas cerradas. 

                    Es cierto que, como suele acontecer en toda anastilosis de cierto alcance, en la intervención hubo errores e incertidumbres. Las ausencias contribuyeron a ello; así los limitados restos recuperados de las antae y de las columnas del pórtico, en las que los fustes fueron reconstruidos y solo uno de los dos capiteles originarios se conserva, aparte de un fragmento mínimo del segundo. En las las proporciones del pórtico in antis  falló el cálculo de Tournaire y Replat y se acortó con respecto al original. La grada entre el estióbato y el euthinterion del lado Este, de mármol pentélico, es un elemento arbitrario, así como la curvatura del estilóbato; la actuación en los tímpanos y en el geison sobre el pórtico de acceso, tampoco resultaron muy acertadas. 

Algunas piezas desgajadas (que más tarde se fueron acrecentando), no se llegaron a incorporar ante la indeterminación sobre su emplazamiento en el monumento. El estudio monográfico del tesoro que realizó J. Audiat en 1933 (de particular interés para la documentación arquitectónica de la construcción) en un volumen de la renombradas Fouilles de Delphes, incluye un inventario razonado de los bloques dispersos descubiertos hasta entonces y hasta entonces desubicados, varios de los cuales ya eran conocidos en tiempos de la reconstrucción. Ante la incertidumbre, Replat actuó con buen criterio al no utilizar dicho material de modo puramente conjetural o como mera forma de relleno.
En conjunto se trata de una anastilosis que en modo alguno carece de rigor. En primer lugar, representa un levantamiento realizado a partir de restos originarios, abundantes y representativos del conjunto del monumento: baste con señalar que el material antiguo recuperado en los trabajos de excavación alcanzaba los dos tercios del total del edificio. Una proporción bien distinta a la que depararon los restos de la thólos del santuario de Atenea Pronaia en la terraza de Marmaria, cuya anastilosis parcial, llevada a cabo entre 1938 y 1941, obedeció a unos supuestos bien diversos.  

    Además, en el Tesoro de los Atenienses la continuidad lógica de las numerosas inscripciones sobre los bloques, facilitó en buena medida una correcta ubicación de los sillares en los paramentos. Representó pues una anastilosis en la que la supervivencia del material supuso un factor determinante y no solo desde el punto de vista cuantitativo.
 De otra parte, el levantamiento del tesoro permitía diferenciar el material constitutivo (mármol insular, de tonalidad blanquecina dorada, procedente de las canteras del valle de Khoridaki en Paros) de los añadidos contemporáneos (mármol pentélico en antae
columnas así como en la mencionada grada), junto con la piedra caliza de tonalidad grisácea, que completó muchos vacíos. 

El Tesoro de los Atenienses en curso de reedificación. Foto de AUDIAT (1933)

En los triglifos del friso (tan singulares), en el arquitrabe y en los fustes de las columnas se evidencian los nuevos materiales incorporados. De utilizarse en la restitución mármol de Paros contemporáneo, no hubiera sido posible percibir tales distinciones, lo que pondría en riesgo la autenticidad del monumento al confundirse el material del siglo V a.C. con el añadido. En la recomposición se mantuvo como principio la distinción de adiciones, un postulado de plena actualidad por aquellos años en el terreno de la restauración arqueológica.

Las metopas talladas emplazadas in situ, que crean paridades visuales entre las hazañas de Teseo y Heracles, son reproducciones obtenidas a partir de moldes: las piezas originales - de estilo tardo arcaico (no parecen ser anteriores al 490 a.C) -, se conservan en el Museo de Delfos, inaugurado en 1903.

         

Vista del entablamento y del frontón oriental del tesoro. Singulares loa triglifos, de doble acanaladura. Se conservan muy escasos restos de la decoración de los dos frontones. La restitución de los tímpanos, sin tener en cuenta la forma de sujeción de las esculturas, no fue muy acertada.
  
 Si bien no todos los bloques pertenecían al tesoro, los muros perimetrales conservan la mayor parte de los sillares originarios, dispuestos conforme a un aparejo isódomo que, respetando la apariencia primigenia, evita la monotonía de una excesiva regularidad de las hiladas (también las variaciones en su anchura); en cuanto a las grapas utilizadas en el ensamblaje horizontal de bloques, se optó por el hierro, que hoy se descartaría por completo. Ya en las primeras intervenciones posteriores en el monumento se actuó contra el nefasto efecto de corrosión que producía el material en el mármol.En cambio en las clavijas, que ajustan el aparejo en vertical, se empleó el plomo, utilizado como material de ensamblaje en el monumento originario.
  Aciertos y también algunos desaciertos. Al fin y al cabo, la intervención, que supuso la única reconstrucción integral (obviamente, exceptuando la cubierta) realizada en el santuario, debe ser evaluada en el contexto restaurador de su tiempo, cuando la restauración histórico-documental se va imponiendo a la estilística con un nuevo afán de rigor y de respeto a la autenticidad de los monumentos.

 Fotografía tomada pocos años después de la reconstrucción
.  Apariencia del monumento durante la Intervención de 2003
       
 Con mucha posterioridad, ya desde finales de la década de los setenta del pasado siglo y hasta 2004, se realizaron  actuaciones de preservación, así como restituciones y reposiciones correctivas. Intervenciones que supusieron desmontaje y remontaje parcial, con cierto grado de necesaria deconstrucción o, si se prefiere, de des-restauración. En en líneas generales, rectificaron algunos errores  y mejoraron el estado de conservación, sin por ello alterar el semblante que confirió al tesoro la temprana actuación.






Tesoro de los Atenienses.  Pórtico y muro Sur, de orientación visualmente privilegiada  Estado actual

BIBLIOGRAFÍA

REPLAT (1903-1906) (informe manuscrito, correspondencia, EfA)
BOURGUET (1914)
AUDIAT (1933)
ROUX (1984)
BANKEL (1990)
LARROCHE (1992)
BOMMELAER (1993, 2016)
BÜSSING (1994)
JAQUEMIN (1994)
AMANDRY (1998)
NEER (2004)
PATRIDA (2000)
VON DEN HOFF (2009)
LYES (2016)




sábado, 28 de septiembre de 2019

Elginismo, nacionalismo y repatriación. En torno al debate sobre los mármoles de la Acrópolis

     Las piezas expoliadas por Lord Elgin en a Acrópolis de Atenas, adquiridas en 1816 por el gobierno británico, no deberían designarse como Mármoles Elgin. Así fueron bautizados cuando en 1807 se mostraron por vez primera a un público de élite en Londres en la sala temporal de la vivienda arrendada por el diplomático escocés en Park Line (la Elgin Room); más tarde, con la compra de las piezas con destino al British Museum, se legitimó oficialmente la denominación. 

   Puesto que no se trata exclusivamente de esculturas y relieves desgajados del Partenón, la denominación "mármoles del Partenón" resulta también inadecuada para referirse al conjunto de elementos provenientes de la Acrópolis. La apropiación no se limitó solamente al monumento, ni a piezas de carácter escultórico: también incluyó elementos en mármol estrictamente estructurales, la mayoría burdamente separados de su contexto arquitectónico, donde dejaron huellas evidentes, a modo de profundas cicatrices. La designación que en su día propuso Melina Mercouri como "mármoles de la Acrópolis" parece la más acertada, pues indica la procedencia de las piezas del conjunto de la roca sagrada, no de un solo monumento, así como su pertenecia al paisaje monumental del antiguo santuario,  

Enlevez tout ce que vous pourrez. La avidez de un Elgin francés
                  
   La apropiación de los mármoles y su traslado a Londres suscitó una viva controversia con un trasfondo de rivalidad imperial y política a ambos lados del Canal. Si bien la Francia napoleónica tuvo en Roma su modelo imperial y habría de requisar por toda Europa - particularmente en Italia - innumerables cuadros y esculturas, también tenía sus ojos puestos en las antigüedades de Atenas. Los botines culturales adquieren en este tiempo una nueva dimensión pública y patriótica, en tanto que botines excelencia, de spolia optima. Incluso el abate Gregoire -quien paradójicamente universalizó el término vandalismo - rompió una lanza en favor del legítimo derecho de Francia a salvaguardar los tesoros de arte griego que poseía Italia; la apropiación de tales obras, sería la conquista más brillante. El abate revolucionario anticipa el discurso legitimista sobre el secuestro de bienes culturales en tiempos de Napoleón:

 "Certes, si nos armées victorieuses pénètrent en Italie, l’enlèvement de l’Apollon du Belvédère et de l’Hercule Farnèse seroit la plus brillante conquête. C’est la Grèce qui a décoré Rome; mais les chef-d'œuvres  grecques doivent-ils décorer le pays des esclaves? La République française devroit être leur demier domicile." (1794)

        Con anterioridad, un embajador francés ante la corte otomana, el aristócrata y coleccionista, M. Florent, conde de Choiseul -Gouffier, impulsor del destacado Voyage pittoresque de la Grece, gran contrapunto francés a la obra de Stuart y Revett, había sido el primero en obtener piezas de los frisos del Partenón. Se trataba de un espléndido bloque del friso Este de las Panateneas, la denominada placa de las Ergastinas junto con dos metopas que su agente en Atenas, el pintor L.F.S. Fauvel descubrió en las excavaciones autorizadas que realizó en la Acrópolis entre 1788 y 1789, años antes de la expedición de Lord Elgin.
Bloque de las Ergastinas. París, Museo del Louvre
         En dos cartas dirigida por el diplomático francés a su colaborador Fauvel, quien se ocupaba de los asuntos del aristócrata particularmente en el Ática y Atenas y habría de adquirir las mencionadas piezas, se refleja la imagen ávida de un coleccionista codicioso sin el menor escrúpulo frente el pillaje, cuya intención primera no era precisamente proteger los mármoles de la desidia y la destrucción otomana, sino velar por su estatus y prestigio social.

"Je voudrais bien que ce firman pût vous servir de prétexte pour enlever quelques beaux bas-reliefs; puisque vous êtes si bien avec le disdar, cela devrait vous être facile. Pourquoi ne pourriez-vous pas enlever une Caryatide, s’il y en a une bien conservé" (1776)

 "Enlevez tout ce que vous pourrez, ne négligez aucun moyen, mon cher Fauvel, de piller dans Athènes et dans son territoire, tout ce qu’il y a de pillable (...) continuez, n’épargnez ni les morts,ni les vivans" (1789)

Por fortuna el criterio de Fauvel frente a la escultura integrada de la Acrópolis era más ético que el de su protector y, pese a las presiones del embajador y a las buenas relaciones con las autoridades locales turcas, a diferencia de Elgin, no mutiló los monumentos, limitándose a excavar el área oriental, frente al acceso al Partenón, recoger algunos mármoles escultóricos ya desgajados y a realizar moldes de los relieves integrados en los edificios. En el marco de un afán de apropiación competitiva y casi febril, hubo formas y formas de expropiación. Más tarde, Fauvel, experto connaisseur, habría de convertirse en vicecónsul francés en Atenas y en renombrado anticuario que dominaba el mercado local, amén de solicitadísimo cicerone ente los visitantes de élite. 

    Ya en 1798, la colección del monárquico Choiseul-Gouffier, de rocambolesca historia, seria requisada en Marsella por el gobierno revolucionario y el bloque de las Ergastinas se destinó al Museo del Louvre. La amnistía napoleónica de 1802 le permitió recuperar buena parte de la colección. Se trataba de esculturas, relieves, vasos e inscripciones procedentes de Grecia que finalmente realzaron en París su nuevo palacio neoclásico de los Campos Elíseos. Lo que en la ciudad llegó a conocerse como los mármoles Choiseul, a modo de contrapunto francés de la colección de Elgin. Cuando en 1818, tras la muerte del marqués, la colección salió a subasta y, pese al interés de Inglaterra por conseguir la pieza, el gobierno de Francia adquirió una metopa del lado meridional del peristilo dórico del Partenón, -por entonces joya de la colección Choiseul - para el Museo del Louvre, donde se reunió con la placa de las Ergastinas. 

            No es de extrañar que Elgin viera en Choiseul-Gouffier, partícipe, como Catalina II que lo acogió en los años de exilio de un filohelenismo estratégico, entre ambiguo y acomodaticio, la figura de un precursor. Incluso el procedimiento de adquisición del diplomático francés a través de su agente Fauvel en Atenas, que recibía instrucciones desde Constantinopla, no fue muy distinto. En un tiempo de desconsiderado y codicioso aprecio hacia el arte griego, Thomas Bruce no habría sido pionero en depredar el Partenón. Bien menguado atenuante, que nada tuvo de exculpación. En una carta Choiseul-Gouffier reconoce  un punto de envidia hacia Elgin, al tiempo que expresa su satisfacción ante el expolio utilizando los consabidos argumentos altruistas y benefactores: los mármoles habían sido arrebatados a la barbarie turca y se hallaban en buen recaudo, para satisfacción de cuantos cultivaban las artes: 

 "Lord Elgin a fait, dans toute la Grece, une riche moisson de precieux monumens, que j'avais longtemps et inutilement desires; il m'est difficile de les voir entre ses mains sans un peu d'envie; mais ce doit être une satisfaction pour tous ceux qui cultivent les arts, de savoir ces chefsd'oeuvre soustraits a la barbaric des Turcs, et conservés par un amateur eclaire qu'en fera jouir le public."

 El deseo de Thomas Bruce de hacerse con piezas y ornato arquitectónico de los monumentos de la Acrópolis, no difería de la avidez de Choiseuil, como tampoco la finalidad privada del expolio: en un principio, Elgin codiciaba personalmente los mármoles con afán de coleccionista, como ornato del mayor prestigio destinado a realzar su mansión escocesa en Broomhall. 

La Gran Puerta rompe su alianza con Francia. Se levanta la veda 
En 1798 Turquía declara la guerra a Francia y cuando en 1800 los enviados de Elgin (P. Hunt, G. B. Lusieri) llegaron a Atenas, no tuvieron competidor francés. La diplomacia francesa ante el Imperio Otomano, un tradicional aliado, dejó el campo libre a Inglaterra y propició las negociaciones del nuevo embajador Elgin en Constantinopla sobre los mármoles de la Acrópolis.

“I should wishto have,of the Acropolis, examples in the actual object, of each thing,and architectural ornament…” (Diciembre 1801)

En la primavera de 1802, a diferencia de Choiseul-Gouffier, que siguió toda actuación de Fauvel desde Constantinopla, Elgin visita Atenas y se muestra muy complacido con el trabajo de sus colaboradores, que, una vez adquirida la tan vidriosa autorización, en diez meses habían desgajado ya la mitad de los mármoles que acabarían en Londres.

"Even the smallest thing from Athens, is priceless. First in the list are metopes, anaglyphs and the relics of statues, whatever you can find. Especially the figures from pediments...The more metopes you are able to obtain"

La amplia correspondencia entre Bruce y sus agentes en Atenas (Blunt y Morosini), no puede ser más reveladora. En el último pasaje, el diplomático expresa de forma manifiesta sus prioridades; si bien todas las antigüedades de Atenas  poseen valor inestimable, ante todo cuenta la escultura integrada, las estatuas de frontones y cuantas metopas pudieran conseguise. Con respecto al "desmontaje" estas últimas del friso dórico del Partenón, el equipo actúa con la mayor negliencia, seccionándolas del entablamento mediante sierras que el propio Elgin había proporcionado desde Constantinopla. Una carta de Morosini dirigida a su protector no deja lugar a dudas:
"I have the pleasure of announcing to you the possession of the eight metope, that one where there is the centaur carrying off the woman. This piece has caused much trouble in all respects I have been obliged to be a little barbarous” (1802)

  A diferencia de la actuación de Fauvel, a contracorriente del afán de expolio de Choiseul-Gouffier , la intervención del equipo Elgin en los monumentos de la Acrópolis fue abiertamente vandálica y de ello fueron muy conscientes los propios supervisores de los trabajos. En otra carta a Thomas Bruce, desde una posición de un subordinado que no actuó por cuenta propia, Morosini reconoce de forma tajante y a título personal su responsabilidad como agente de la barbarie.
That the barbarisms that I have been obliged to commit in your service may be forgotten"
      
              Por diversas y azarosas circunstancias, el traslado de las piezas embaladas no se completó en su totalidad hasta 1912, si bien el grueso de los mármoles llegaron a Londres con bastante antelación. Dadas las deudas adquiridas por Thomas Bruce, una vez trasladadas la piezas la venta de la "colección" se le hizo ineludible.Y, obviamente, al mejor postor. Incluso a Luis I de Baviera, que ambicionaba recrear una nueva Atenas a orillas del Isar -"Ich werde nicht rühen, bis München aussieht, wie Athen!"- y con el  tiempo una Atenas bávara. El príncipe, ya en posesión de los mármoles de Egina, codiciados también por ingleses y franceses, se mostró extremadamente interesado en hacerse con las prestigiosas piezas de la Acrópolis, llegando a depositar cuantiosos fondos en un banco inglés en previsión de la posible compra en caso de que el Parlamento Británico rechazara la adquisición. Consciente de que podría recibir mejores ofertas de las que cabía esperar del Parlamento, de hecho transcurrieron varios años antes de que Elgin solicitara al gobierno británico la transacción del botín cultural.

Algunos posicionamientos ante los mármoles
                    La inmensa mayor parte de la plástica arquitectónica que Elgin, arrebató a los monumentos de la Acrópolis entre 1801 y 1804, procede del Partenón, por aquel tiempo considerado no solo obra maestra por excelencia de la arquitectura griega, sino también un sublime modelo de incomparable perfección, capaz de promover y regenerar las artes del presente, de "despertar el arte de Europa", dentro y fuera de Inglaterra. Goethe, que no llegó a contemplar las piezas, teniendo que conformarse con el la lectura de descripciones y el examen de grabados y dibujos de viajeros, veía en la cabeza de caballo del carro de Selene todos los componentes de la "escultura sublime". La recepción cultural de los mármoles estuvo mediatizada por esta categoría estética, de plena vigencia en el Clasicismo Romántico y que hunde sus raíces en los postulados de J. Winckelmann. No en vano Elgin colocó un vaciado del Torso  del Belvedere, una de las piezas favoritas de Winckelmann, en la exposición provisional de los mármoles en Londres. Sin embargo, el descubrimiento de la sustancialidad corporal, de la carnalidad naturalista de aquellas figuras no dejó de crear un principio de tensión con el aceptado principio de belleza ideal, que Winckelmann entendía en términos de negación de la sustancia corporal.

 La realidad fue que la noble y filantrópica intención de "elevar el gusto" contemporáneo gracias a la presencia de destacadas obras del arte griego (los mármoles de la Acrópolis y los frisos de Bassae en Londres, las esculturas pedimentales de Egina en Munich), funcionó como coartada y justificación internacional para la apropiación de antigüedades griegas y su resignifación  nacional, en un clima de competencia por la supremacía cultural. 

         Entre los autores ingleses, es bien célebre el rotundo posicionamiento de Lord Byron, representante del fiohelenismo y del helenismo romántico, quien condenó sin paliativos el vandálico expolio de los mármoles de la Acrópolis, que contemplaba  como un material de extraordinario valor espiritual y emocional para Grecia. El sentimiento de indignación y pérdida queda bien explícito en el malestar del poeta, síntoma de un malestar de mayor calado, político y anti imperialista.

En Baviera, Leo von Kenze, tan influido como arquitecto por el Partenón en tanto que monumento, consideraba el traslado de las esculturas un logro colosal, que inauguraba un nuevo periodo en la historia del arte. Por primera vez, señalaba, la Europa culta entraba en contacto con el verdadero arte griego, un contacto bien distinto al que propiciaban por las descripciones y testimonios gráficos de  viajeros o por los expertos en copias (1821). Junto con el potencial modélico, unido a la noción de progreso artístico y la estética de lo sublime, se ponía en valor la evidencia que suponía la presencia material, benéfica para "la Europa culta" así como la casi general aceptación dela  autenticidad estilística. 

El carácter fragmentario y el estado de conservación de las piezas, que no habían experimentado restauración alguna (aunque sí manifiestos deterioros como consecuencia del desmantelamiento), acrecentaban aún más su autenticidad y poder sugestivo. En 1803, Elgin consultó en Roma al prestigioso escultor neoclásico Antonio Canova sobre la conveniencia de restaurar los mármoles, mostrándose el experto italiano contrario a cualquier tipo de intervención en las piezas, aceeptando plenamente su estado dañado. En paralelo con el arraigado culto evocador a la ruina, el culto al fragmento y a lo incompleto comenzaba a abrirse camino en el gusto europeo. 
 Sin embargo las piezas, que llegaron a Londres, en una fase ya avanzada del Neoclasicismo, no tuvieron el impacto escultórico que muchos auguraban ni modificaron la trayectoria de los artistas consagrados. Ni dentro ni fuera de Inglaterra, donde su proyección, salvo excepciones, afectó esencialmente al terreno de las artes decorativas.

El alcance del expolio
Las esculturas y relieves arrancados del monumento fueron cuantiosas; las 17 estatuas pedimentales conservadas en los dos frontones,15 metopas y casi la mitad de lo conservado del friso de las Panateneas. Elgin  también se se apropió de un tambor y un capitel del peristilo dórico del templo (de la columnata del lado Norte), elementos estrictamente arquitectónicos. 

                  Pero el saqueo se extendió al resto de los monumentos de la Acrópolis clásica, con la intención de recoger distintos y representativos  ejemplos del variado empleo de los órdenes en las construcciones clásicas del santuario. 



Tambor y capitel del peristilo dórico del Partenón. Londres, Museo Británico 
 Erecteo. Cariátide. Londres, Museo Británico
    En el Erecteo, se vio afectado el pórtico sur, de cuya tribuna desgajó una de las seis cariátides. Particularmente popular desde su llegada a Londres, entre las piezas escultóricas expoliadas por Elgin, fue la que tuvo una mayor proyección en la arquitectura inglesa del siglo XIX. A través de sus delegados, el embajador escocés también se apropió de una columna completa del pórtico oriental, la del extremo norte, así como de una sección del arquitrabe del ángulo NE. Del mismo monumento, desgajó varios bloques de la epicranitis que coronaba los muros, decorados con anthémion y molduras de ovas y dardos. 
 Erecteo. Columna completa del pórtico Este; bloque del entablameneto del ángulo NE; bloque de epicranitis. Londres, Museo Británico
 Templo de Atenea Niké. Capitel de esquina y bloque del friso narrativo. Londres, Museo Británico       
A ello cabe añadir el capitel de esquina (NE del pórtico oriental) y cuatro bloques del friso narrativo del templo jónico de Atenea Niké. También algunos fragmentos y  un capitel dórico de los maltrechos Propileos, concretamente del pórtico exástilo oriental, volcado al santuario. Dado el deterioro que presentan ambos capiteles y la tonalidad  oscura adquirida por el mármol pentélico, seguramente a consecuencia de la devastadora explosión de 1687, cabe suponer que Elgin los halló despiezados de los respectivos monumentos.
Capitel dórico de mármol pentélico de los Propileos. Londres, Museo Británico.   
      Tampoco las laderas de la roca sargada se vieron libres de la apropiación indebida: Thomas Bruce se llevó consigo a Londres la escultura en mármol de Dioniso que figuraba en el monumento corégico de Trasilo, en la vertiente meridional de la colina, posiblemente un añadido de época romana que, como los mármoles desgajados del recinto sagrado, atesora el Museo Británico.
Estatua de Dioniso procedente del monumento corégico de Trasilo. Londres, British Museum

 Retencionismo y repatriación 
El debate político y diplomático sobre la repatriación tiene una larga historia, que inclusor emite a la independencia del estado griego; la primera petición de Grecia se remonta a 1830. Durante el pasado siglo, tras el intencionado silencio de la Dictadura de los Coroneles, una renovada campaña internacional para el retorno de los mármoles a Atenas tuvo lugar en tiempos de Melina Mercouri (+ 1994). Ministra de Cultura del gobierno griego del PASOK desde 1981 (año en que Grecia se incorpora a la Comunidad Europea). Durante tres legislaturas, Mercouri fue una célebre y pertinaz defensora de la restitución de las piezas, valoradas ante todo como símbolo patrimonial de la identidad nacional, por demás removidas del país durante la ocupación otomana.
La labor de Mercouri estuvo sembrada de grandes proyectos que, si bien impulsó con determinación, no siempre llegó a ver cumplidos. Impulsó en Atenas la creación del gran parque arqueológico peatonal en torno al epicentro de  la Acrópolis, hoy convertido en realización plena. Como Ministra de Cultura, Melina propuso al Consejo de Europa la creación de la Capital Europea de la Cultura. Atenas fue la primera ciudad europea que obtuvo dicha distinción (1985) que sirvió para implementar la sensibilización internacional sobre el retorno de los mármoles. La primera iniciativa orientada a la tan necesaria creación de un gran museo destinado a albergar las esculturas de la Acrópolis de Atenas, por entonces  instaladas en el obsoleto y saturado museo del recinto sagrado, y la convocatoria del primer concurso internacional para elegir un proyecto también se debió a la Ministra (1989). Finalmente, pese a haberse celebrado el concurso e incluso adjudicarse el proyecto, esta última iniciativa no llegó a materializarse.
Con motivo de de la Olimpiada Atenas 2004, se promovió una nueva campaña internacional para la devolución de los mármoles, denominada "Parthenónas 2004": Si bien se logró un mayor grado de adhesión de la opinión pública (comenzando por el propio Reino Unido, donde buena parte de la ciudadanía se muestra proclive a la devolución de las piezas del British), como es bien sabido, no se consiguió la cesión de los mármoles por parte del gobierno británico, pero se acrecentó notablemente el activismo global (particularmente el virtual) en favor de la repatriación. Amén de la UNESCO y el ICOMOS, de posicionamiento devolucionista, en las últimas décadas, se ha acrecentado el número de comités y organismos locales y globales (de Australia a Atenas y al propio Reino Unido) que exigen el retorno de los mármoles.

Un museo memorial del siglo XXI
   Inaugurado en 2009, hoy Atenas cuenta con el flamante y soberbio Museo de la Acrópolis, obra del arquitecto suizo Bernard Tchumi, que, ubicado frente a la ladera meridional de la colina, aguarda el retorno de los mármoles. La planta superior, que en contacto visual con la roca sagrada crea un estrecho lazo entre el todo y sus fragmentos, representa un memorial del Partenón: en el gran espacio regular, se exponen las piezas escultóricas del monumento conservadas en Atenas junto con moldes de las custodiadas en el museo londinense y en otros lugares, como el Museo del Louvre. La presentación, donde ningún material constructivo mitiga el protagonismo de lo expuesto - a un tiempo presente y ausente -, permite al visitante realizar un asombroso recorrido que recrea los mármoles en su posición original y propicia la visión integral de conjunto. Junto a lo mucho conservado en la ciudad, se pone particular acento en el desarraigo lo ausente (que comunica memoria y provisionalidad) y, mediante el vacío, en lo irremisiblemente perdido. 

      Recrear la ornamentación plástica del Partenón en su integridad representa una utopía, debido en particular a los irreparables daños que el monumento sufrió durante el asedio veneciano de 1687, por cuyo efecto catastrófico el edificio comenzó a ser monumento en ruina, tanto desde el punto de vista estructural (la cella del templo literalmente saltó por los aires y varias columnas del peristilo se vinieron abajo) como decorativo (destrucción de buena parte de la escultura pedimental y de sectores de los frisos).

Inconstancias y fisuras discursivas
   Por parte de Grecia, los argumentos en defensa de la repatriación  poco ha variado a lo largo del tiempo. En cambio, el discurso de la retención se ha modificado repetidamente en función de las circunstancias, mutando de forma acomodaticia la prioridad de las objeciones: el "honorable asilo" que acoge las piezas y asegura su adecuada conservación, la contaminación y la lluvia ácida que sufre la ciudad de Atenas, la ausencia de un ámbito expositivo apropiado que garantizase una adecuada tutela, el sentar un arriesgado precedente de devolución, que pudiera crear un efecto de onda expansiva, la mejor ubicación de los mármoles en un gran museo enciclopédico de aspiraciones cosmopolitas y universalistas que en el nuevo museo temático ateniense. En este último aspecto, la autoproclamada universalidad de los grandes museos occidentales con pedigree refleja una perspectiva específica, elusiva y bien sesgada, frente al devolucionismo, abiertamente supremacista. Encubre una posición de poder condicionada por una historia imperial de adquisiciones, en tantos casos de dudosa legitimidad.
     Con relación a la crítica del gobierno británico al profundo trasfondo nacionalista e identitario de las reivindicaciones helenas, cabe recordar el uso histórico e ideológico abiertamente nacionalista de los mármoles del British Museum, que en su nuevo emplazamiento experimentaron una redefinición cultural, convertidos durante el siglo XIX  en preciado objeto de prestigio nacional y en modelo y espejo de excelencia donde que se autocontemplaba la aristocracia. No solo en un plano espiritual, puesto que incluso se promovió un mensaje de superioridad viril, étnica y corporal de las élites masculinas en una nueva Atenas, imperial y británica. Las tensión entre universalismo y supremacía nacional siempre ha estado presente en la percepción y resignificación de los mármoles por parte del país depositario.

A día de hoy, la reciente aprobación del proyecto de restauración-reconstrucción del muro norte de la cella del Partenón ha avivado la polémica sobre la intervención en el  monumento, pero también sobre las piezas expoliadas, que indiscutiblemente experimentaron una movilidad sobrevenida, ilegítima y forzada. En el Reino Unido, la sombra del Brexit actualiza la controversia en el marco de un debate que se ha tornado más ético y cultural que propiamente jurídico.
La controversia sigue representando el gran referente del arduo diálogo global de nuestro tiempo sobre patrimonio cultural e identidad nacional. O, en otros términos, sobre la dicotomía entre universalidad e identidad cultural. Un diálogo que hoy cuenta con un nuevo y activo interlocutor internacional: el movimiento de repatriación, que encarna todo un ritual colectivo y universal en torno al sentimiento de pérdida y a la exigencia de redención, y que en los últimos años ha alcanzado dimensiones propias de un fenómeno global.
Cabe indicar que la reciente noticia del préstamo que en 2021 realizará el Museo del Louvre a Atenas de la "placa de las Ergastinas" con motivo de la celebración del aniversario de la independencia griega, representa sin duda un gesto esperanzador. Y los gestos que entrañan al menos un cierto reconocimiento simbólico, en esta ocasión materializado en términos de movilidad y circulación de una destacada pieza escultórica del Partenón con destino a Grecia, también cuentan.

Para concluir, anotemos unas recientes y acertadas palabras de Melissa Jones a propósito del presente del debate, redactadas desde un posicionamiento hondamente eticista:
If actions of the past were legal but are not considered ethical today, a museum with integrity would correct their actions and views to reflect modern standards of ethics. As it is, the current legal debate about the Parthenon marbles is inconclusive; therefore ethics must be significantly considered in this case












BIBLIOGRAFÍA

SMITH (1916)
COOK (1984, 1997))
MERRYMAN (1985)
ST CLAIR (1988, 1998))
GRELL (1995)
VRETTO (1997)
HAMILAKIS (1999)
BEARD (2003)
ROSSI PINELLI (2003)
LYDAKIS (1994)
WEBB (2002)
COOK (2002)
SNODGASS (2004)
NEILS (2005)
MERRYMAN (1985, 2006)
JENKINS y KERSLAKE (2007)
HITCHENS (1988,1997, 2008)
QUEYRET (2008)
COLONNA (2007)
DIVAN-VALAKOU (2008)
CASEY (2009)
GRAND-CLEMENT (2009)
KIMMELMANN (2009)
GALLO (2009)
TOLIAS (2011)
PISTOFIDOU (2013)
GREENLAND (2013)
GILL (2016) 
JANZEKOVIC (2016)
JONES (2018)

https://www.parthenonuk.com
http://www.parthenoninternational.orghttps://www.parthenonu
k.comhttps://www.blod.gr/lectures/arhitektonika-meli-ton-mnimeion-tis-akropolis-sto-bretaniko-mouseio-kai-i-antikatastasi-tous-kata-tin-epembasi-tis-esmaysma/
(conferencia de María Ioannídou en el Museo de la Acrópolis)